31 de diciembre 2001 - 00:00

Año negro en lo financiero: no se ganó ni con plazo fijo

Año negro en lo financiero: no se ganó ni con plazo fijo
La crisis por la que atraviesa el país se hizo sentir con fuerza sobre la performance de bonos y la mayoría de las acciones durante 2001. Mientras el índice Merval registró un descenso anual de 29,12%, los títulos públicos sufrieron fuertes caídas de hasta 70%.

Como suele ocurrir en épocas de turbulencias financieras y creciente incertidumbre, la mejor inversión del año resultaron ser los depósitos a plazo fijo y algunas acciones puntuales. Los saldos inmovilizados en pesos dejaron una tasa promedio anual de 12%, a la vez que quienes optaron por los certificados en dólares lograron un rendimiento de 10%.

El hecho resulta paradójico si se tiene en cuenta que muchos ahorristas que se volcaron a esa estrategia actualmente son víctimas del «corralito» financiero instaurado a comienzos de diciembre.

Los bonos fueron los instrumentos financieros más castigados del año, a raíz de las continuas dudas de los inversores sobre la solvencia fiscal del país y sus posibilidades de retomar la senda del crecimiento. Lo peor pasó por los de mediano y corto plazo, y aquellos de intensa operatoria entre los inversores del exterior. Al primero de estos casos pertenecen el BOCON PRO1 (-70,6%), el PRO3 (-65,5%) y el Global 2006 (-62%). Pero también mostraron fuertes bajas los títulos más representativos de la deuda argentina, como las tres series surgidas en el megacanje, el Global 2008 (61,4%), el 2018 (61,5%) y el 2031 (62%), además del Brady FRB (61,2%).

Contracara

Blindaje y megacanje por medio, la estrepitosa caída de los títulos públicos tuvo su contracara en el aumento del riesgo-país, que durante 2001 se disparó 575,2%, hasta los 5.172 puntos, niveles que catapultaron la confianza de los inversores y obligaron al gobierno a acelerar la fase doméstica del canje de deuda, haciendo lugar a los préstamos garantizados.

En tanto, las acciones cerraron el año tal como lo iniciaron, en medio de un rally alcista que no logró ocultar las raíces de profundos problemas económicos. Como en enero pasado, cuando el optimismo del blindaje apuntaló las operaciones en el recinto porteño hasta elevarlas 30%, durante diciembre el índice Merval subió nada menos que 45,91%. Pero esta vez la mejora se apoyó en el intento de los operadores por sortear el «corralito» financiero, transfiriendo papeles locales que también cotizan en Nueva York bajo la forma de ADR. Sin embargo, algunos se conformaron simplemente con invertir sus fondos en acciones locales, con tal de no tenerlos inmovilizados en el sistema financiero.

Desagregando los datos, se observa que las acciones con mayores descensos fueron las más vinculadas al mercado interno, en particular al consumo de inversión, que en conjunto explican más de 80% del nivel de actividad de la economía del país. A ellas se les sumaron los bancos, que se movieron en baja afectados por las dudas sobre la repercusión que podrían tener en sus finanzas las abultadas tenencias de bonos de algunas entidades.

De esta forma, entre los principales papeles del panel las bajas fueron lideradas por Acíndar que perdió 85%, seguida por Bansud (67%), Banco Galicia (68%), Central Costanera (67%), Siderar (56%) y Telecom (37%).

Del otro lado, lo mejor pasó por las empresas orientadas a la exportación, con buena liquidez y que tienen pautados sus ingresos en dólares. En este segmento se ubicaron Repsol-YPF (+45,54%), Transener (+34%), Siderca (+27%), Aluar (+21%) y Pérez Companc (+14,56%).

Lo cierto es que el contexto mundial tampoco contribuyó a mejorar la situación de la Bolsa local, ya que las principales plazas del mundo cerraron el año en rojo. En Wall Street el tradicional Dow Jones clausuró 2001 con un retroceso de 6%, el panel tecnológico NASDAQ se contrajo 19,5% y el índice más representativo de la tendencia general del mercado, el Standard & Poor's 500, se contrajo 12%. Los mercados neoyorquinos transcurrieron los primeros nueve meses del año afectados por las dudas sobre la incipiente recesión en los Estados Unidos. Tras los atentados cayeron con fuerza, pero sobrepasado el colapso inicial recuperaron terreno e incluso superaron con holgura las marcas previas al 11 de setiembre, hecho que de todas formas no alcanzó para terminar el año en terreno positivo. Es la primera vez desde 1974 que tanto el Dow Jones como el NASDAQ cierran por segunda vez consecutiva el balance anual con pérdidas.

Diezmada la «locomotora del mundo», poco quedó por hacer en el resto de las plazas. Así, la Bolsa de Londres bajó
15,75% mientras que la de Tokio se hundió 23,53%, en medio de la dilatada recesión de la economía japonesa y los temores sobre la cartera de préstamos del sector bancario nipón.

Comportamientos

El pesimismo también se apoderó de las Bolsas latinoamericanas, que en buena parte se vieron afectadas por la crisis argentina. Chile disminuyó 19,5% y México lo hizo en 14,4%. Asimismo, San Pablo se replegó 11,02% a pesar de que en las últimas semanas los operadores de ese país parecieron desentenderse de los vaivenes argentinos y se lanzaron a comprar acciones, particular-mente en los sectores petroleros y de telecomunicaciones.

Por otra parte, los principales commodities mostraron un comportamiento dispar. El oro registró una leve alza de 0,42%, a la que accedió fundamentalmente por la demanda que experimentó como refugio de los ahorristas durante algunas semanas posteriores a los atentados terroristas en los Estados Unidos. Distinto fue el desempeño del barril de petróleo WTI, que perdió más de 23% y cerró el año en el limite inferior (u$s 20,44) de la banda de flotación de precios fijado por la OPEP para delinear su política de producción de crudo.

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