El gobierno mantendrá la meta de un déficit fiscal de $ 3.500 millones para este año en las conversaciones que desde mañana sostendrá con la misión técnica del Fondo Monetario. Un estrecho colaborador de Roberto Lavagna aseguró a este diario anoche que «con los últimos datos que tenemos, pensamos que podemos terminar el año 2002 con un superávit primario (sin contar intereses) de $ 3.000 millones, un déficit final de $ 3.500 millones y esto es lo que le pensamos mostrar al FMI».
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La impresión en el equipo económico es que, a diferencia de anteriores negociaciones con el Fondo, en esta ocasión lo fiscal no va a ser traba para cerrar un acuerdo. Esto por lo menos a nivel nacional, aunque pueden surgir dificultades con los números de las provincias. También se descuenta que haya muchas trabas en el tope que se le ponga a la emisión monetaria este año, y principalmente, si ese tope va a ser realista, es decir con cierta chance de cumplimiento.
Los principales aspectos en lo fiscal que se informarán al Fondo pasan hoy por los siguientes puntos:
• Desde julio está contemplado que rija el nuevo impuesto a las empresas que pesificaron deudas. En los cálculos oficiales se prevé que recaude $ 1.000 millones al año -otros mil millones irán para las provincias porque será coparticipable-, lo que servirá para llegar a la meta fiscal arriba mencionada.
• No están previstos aumentos de salarios a estatales ni pagos por única vez de una suma fija. Los aumentos en la recaudación no permiten aún al equipo económico ser demasiado optimista y que los mismos se repitan todo el año. De hecho se espera que la recaudación sea sólo levemente mayor a la de hace un año en junio, y que lo mismo suceda con el resultado de caja. La presión por subas salariales además disminuiría porque se estima que lo peor del aumento de precios ya se habría visto.
• Lo mismo sucedería con los $ 150 en LECOP que se dan a 1.400.000 personas por el plan Jefas y Jefes de Hogar, los que no se modificarán por el momento.
• En las estimaciones oficiales se prevé que el Impuesto a las Ganancias sufra una fuerte caída de recaudación. En primer lugar porque en lo que ingresa al Tesoro por este tributo no impacta la inflación como sí sucede con el IVA, y además porque las empresas grandes descontarán las pérdidas ocasionadas por la suba del dólar.
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