Aún hay una oportunidad
-
Déficit turístico: pese a una leve mejora en el inicio del año, advierten que el Mundial puede presionar la salida de dólares
-
Ahorrá tus dólares como ellos: las 7 cosas en las que los millonarios no gastan un solo centavo
•Fracasos
Hoy resulta que el blindaje y el megacanje no sirvieron para nada, y la credibilidad sobre nuestra solvencia futura es mucho menor que en la primera semana de noviembre de 2000, en vísperas de que el FMI, cambiando la política que había tenido con respecto a las crisis de otros países estratégicamente más significativos que nosotros, decidiese brindarle a la Argentina una asistencia financiera preventiva. México, Corea, Malasia, Rusia y Brasil no fueron asistidos preventivamente como nosotros, pero en seis meses nos devoramos todo a causa de los errores políticos y económicos.
Hoy, el Poder Ejecutivo dispone de enormes poderes legislativos, como jamás los tuvo un gobierno constitucional en nuestro país. La delegación de competencias que dispuso el Congreso le ha permitido dictar alrededor de 30 leyes en tres meses. A ello se agregan los decretos de necesidad y urgencia que siguen aflorando cotidianamente. El Congreso no es ningún obstáculo; al contrario, se despojó de atributos como en otras circunstancias no lo hubiese hecho.
La cuestión pasa por que el gobierno, a partir de un diagnóstico correcto de la crisis, adopte las medidas que sean eficaces. Por fin se sinceró la situación y se reconoció que la causa original de los males (recesión, desempleo) es el creciente déficit fiscal acumulado progresivamente desde 1995. Hay tres frentes simultáneos que se deben atacar. Primero, tratar de reducir el gasto primario todo lo posible; en este sentido, el esfuerzo debe apuntar no sólo a su disminución sino, especialmente, a hacerlo eficiente. Segundo, proponer una reforma impositiva de fondo que, al asociar el interés del contribuyente con el del fisco, permita reducir la alta evasión y elusión que existen; no me refiero a las medidas poco orgánicas que se han impuesto desde el Ministerio de Economía hasta hoy, sino a un cambio de raíz del régimen tributario sobre el que se han hecho algunos anuncios genéricos, pero siguen faltando concreciones. Tercero, negociar con el sistema financiero internacional, por medio del FMI, un alivio en la carga de los intereses de la deuda sobre el gasto anual, en los términos que propicié el año pasado al concretarse la asistencia financiera conocida como blindaje.
Si somos capaces de reducir y mejorar la calidad del gasto primario, si encaramos una reforma impositiva sustancial que al limitar la evasión aumente la recaudación, si negociamos con transparencia e inteligencia la carga del servicio de la deuda, podremos inmediatamente erradicar el déficit fiscal, restablecer la confianza en la solvencia argentina y recrear el proceso de crecimiento económico, requisito necesario para que disminuya el desempleo. Las medidas deben ser decididas concurrentemente y al mismo tiempo. Es posible hacerlo si las ideas son claras y acertadas. Todavía tenemos una oportunidad. La responsabilidad, desde luego, es de todos, pero la primordial es del gobierno, que dispone de los instrumentos necesarios para que el país vuelva a crecer. Ortega decía que la política era tener una idea clara de lo que se debe hacer desde el gobierno en una nación. Es el momento de demostrar que somos capaces de actuar en consecuencia.
(*) Presidente del bloque de diputados nacionales del Partido Demócrata Progresista.




Dejá tu comentario