3 de enero 2002 - 00:00

Autoridades hablan de canje exitoso

Bruselas (Bloomberg, AFP, EFE, ANSA) - Cerca de 15 por ciento de las compras de los ciudadanos europeos ya se pagan en euros, tras pasar el primer día laborable desde la entrada en vigencia de la nueva moneda. Para las autoridades, la irrupción de la di-visa en los primeros dos días fue «un claro éxito».

El comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Pedro Solbes, estimó que en dos semanas «ya prácticamente todos trabajaremos en euros», e incluso se comenzó a especular con adelantar el fin del período de cohabitación con las antiguas monedas, previsto para el 28 de febrero.

El aspecto clave es la disponibilidad de billetes que ofrecen los cajeros automáticos, que para el Banco Central Europeo cumplen eficientemente la función. Ayer cesaron en parte las largas colas frente a las máquinas, pero en Italia, por ejemplo, sólo 50% de los cajeros brinda euros, a la vez que hay países como Austria, Luxemburgo y Bélgica en donde casi la totalidad de la banca electrónica de la vía pública tienen los nuevos billetes.

La prensa contribuyó a celebrar la nueva experiencia colectiva continental según cómo les fue a los habitantes de cada país en el primer día del año. «Sí, el euro es 'eurótico'», tituló el diario popular «Bild». «En toda novedad hay magia. Mil seiscientos alemanes por minuto escucharon el ruido de su cajero. Un sentimiento extraño de curiosidad, mezcla de euroforia, euroescepticismo y euromiedo».

El izquierdista parisino «Libération» vio en el euro «la primera realidad europea palpable», pero se interrogó: «¿El euro provocará un cambio o será un petardo mojado?».

«La fiebre del euro desborda las previsiones y pone a prueba el sistema bancario», advirtió «El Mundo» de Madrid, donde se produjeron largas demoras en los cajeros y los comercios en las operaciones tanto el martes como ayer.

Con respecto a los precios, varias cadenas de supermercados iniciaron una ofensiva de ofertas especiales para fomentar el consumo
. Incluso las gerencias de las grandes tiendas coinciden en que la operatoria facilita sus movimientos. «Las cosas fueron bastante fáciles», expresó Sonia Augenti, vocera de Carrefour Italia. La misma percepción tuvieron los operadores de la Torre Eiffel de París, dado que la multiplicidad de monedas que llevaban los turistas que pretendían ascender complicaba a sus cajeros hasta el año pasado.

En otros casos hubo redondeos hacia arriba, como en el precio de entrada al Museo Vaticano, pero en otros el cliente se vio beneficiado, como en la tarifa de las prostitutas de Berlín, que al tomar dos marcos por cada euro provocaron una deflación en el rubro de 2,2%.

«Hemos redondeado a la baja. Estamos cobrando 60 euros por media hora cuando antes solíamos cobrar 120 marcos», comentó una trabajadora del sexo en el prostíbulo Carena. El cambio oficial del marco había sido fijado hace dos años en 1,955 euros.

Uno de los países en donde se vivieron escenas más tragicómicas fue Italia. Sus habitantes se manejaban con liras que, aun en sus billetes de baja denominación, les sobran los ceros. (1 euro = 1.953 liras). Con el comienzo del año, los más discretos euros les saben a poco a muchos italianos.

«¿Agotada? Más que eso, destruida», se quejaba una gerente de un conocido bar del centro histórico de Roma.

Frente a dos cajas registradoras y una inmensa calculadora, una joven cajera explica. «Primero escribo las liras, luego le pido que las convierta en euros, pero no funciona. Es mejor que apriete entonces otro botón», dice. «Tres gaseosas en euros, ¿cuánto es?», pregunta un anciano. «Son 35,34 euros. No, me equivoqué, son 3,53», dice la gerente ante la calculadora, con la que verifica una y otra vez y vuelve a calcular, mientras aumenta su malhumor.

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