29 de junio 2004 - 00:00

Avatares de Pekín

La Gran Muralla China, La Ciudad Prohibida, descubrir Pekín, fueron algunos de los programas que los empresarios escogieron el domingo para aprovechar el único día libre que tendrán en China. Enrique Pescarmona, Arturo Acevedo, Eduardo Eurnekian, Carlos Blaquier de Ledesma, Jorge Argüelles y Luis Betnazza (Techint) son sólo algunos nombres de los casi 350 hombres de negocios que colman el Hotel Hyatt de Pekín.

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El Presidente, fiel a su estilo, debe estar contento de hospedarse en la Mansión de los Huéspedes. Allí sólo se alojan presidentes de Estado, gobernadores y ministros con sus asistentes, pero ningún secretario de Estado. Las diferentes mansiones hacen que la comitiva se encuentre separada y, por tanto, el día se aprovechó para descansar.


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La inauguración de un restorán argentino, Obelisco, con capacidad para 450 cubiertos, una bodega que permite exhibir 30.000 botellas de vinos de las más diferentes marcas argentinas, un parque de 5.000 m2 con la réplica del obelisco de 20 metros de altura, constituyó el «meeting point» de los hombres de negocios. Un empresario chino fue el que decidió invertir casi 5 millones de dólares y no dudó en importar desde la mantelería hasta el dulce de leche para lograr que en la ciudad de Pekín, de ahora en más, se pueda encontrar la infaltable parrilla argentina. El management lo aporta la gente de Rosa Negra, el restorán de San Isidro, y las carnes son de Uruguay, pues la Argentina todavía tiene trabas para ingresarlas por la aftosa.

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Lomitos, chorizos, locro, empanadas regadas con vinos Felipe Rutini de 1999 fue la comida para las casi 300 personas que asistieron a la inauguración donde la nota fue la total ausencia de autoridades del gobierno. El Presidente, a pesar de haber comprometido su presencia, faltó a la cita. Pero lo que llamó la atención fue que ningún gobernador, ni siquiera el de Mendoza, asistió a pesar de que 80% del vino que se venderá es de esa provincia. Sólo asistieron la titular del Banco Nación, Felisa Miceli; y el secretario de Agricultura, Miguel Campos; y Meyer, de Turismo.

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Más de un empresario agradeció la comida argentina luego de probar sabores tan diferentes de los nuestros. Desde ya que ninguno se atrevió a comer gusanos, patas de gallo, víbora, cucarachas, escarabajos, acompañados de miles de vegetales desconocidos para los occidentales.

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El pan, los lácteos y los dulces son exentricidades a las cuales el pueblo chino prácticamente no accede. Sin embargo, comenzaron en los shopping a verse cadenas de negocios que venden pan y tortas. A McDonald's se sumó la cadena que vende fast food a base de pollo, Kentucky Fried Chicken, junto con varias marcas de heladerías, como la famosa Haagens Dazz.

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Comer en restoranes cuesta en promedio unos 36 a 40 pesos, pero si se desea comida continental, deberá pagar con vino casi 120 pesos por un plato de comida, café y vino chino.

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El hacer negocios con China se convirtió en un desafío para grandes y pequeñas empresas, sin embargo, y con un espíritu práctico, los hombres de negocios no perdieron el tiempo, y el lobby del hotel se convirtió en un lugar de encuentro permanente para intercambiar tarjetas y concretar reuniones a la vuelta de China.

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