Bajar las tasas y la inflación en pocos días

Economía

OPINIÓN

¿Qué opinaría usted de una empresa importante muy endeudada en pesos y en dólares? Que pagase 10% de interés por sus deudas en dólares (el gobierno de EE.UU. paga 3,2% a 10 años) y 75% por la deuda en pesos? Esa empresa sería sometida a auditorías exhaustivas, siendo la opinión que estaría al borde del colapso.

En verdad, esos son los intereses pagados por el Estado y BCRA. Dos entes públicos que cuentan con los mejores datos sobre posibles medidas a futuro. ¿Qué inflación/devaluación esperada justificaría tamañas disparidades de rendimientos?

La nota intentaba señalar el tremendo sobrecosto impuesto a todos los argentinos porque el gobierno no quiere reconocer lo más sabido. La gente tiene más confianza en los dólares que en los pesos que se devalúan permanentemente. Que los gobernantes prometan lo que quieran. Como reza el billete norteamericano "En Dios confiamos". Las tasas de interés siderales y la permanente volatilidad de la economía argentina nos maltratan a todos. Y seguirán torturándonos por siempre, hasta tanto podamos emplear la moneda más prestigiosa entre nosotros y en el mundo.

Las reservas de divisas del BCRA permitirían cambiar toda la base monetaria, todos los billetes circulando, más los depósitos de los bancos en banco central, a 26 pesos por dólar. Si quieren guardar una reserva para otras eventualidades, a 40 pesos por dólar sobrarían casi 17.000 millones de dólares para otras posibles necesidades. El primer paso es la Convertibilidad, es decir asegurar que el BCRA vendería dólares al tipo de cambio fijado, hasta el momento que podamos dolarizar nuestra contabilidad. Esta propuesta ambiciosa podría contar con el apoyo de gobiernos y entidades internacionales. Nuestra situación angustiante y las posibilidades formidables de nuestro país al eliminar esta fuente de incertidumbre ameritan medidas audaces. Cambiemos.

Si en lugar de dolarizar prefirieran una convertibilidad, podrían mantener el programa monetario anunciado por las autoridades, con la sola corrección de las bandas de intervención. El BCRA debiera comprometerse a vende todos los dólares que le pidan al precio que se anuncie, y comprar un poco por debajo. No importa tanto a que valor se haría la convertibilidad. Lo determinante es que el tamaño del metro sea constante.

Asegurando un dólar de 40 pesos, por ejemplo, por largo tiempo, la población y los inversores confiarían al ver satisfechas sus inquietudes. Y el costo financiero y la inflación se derrumbarían en pocos días, como prometió el presidente Macri. El Estado, las empresas y los deudores ahorrarían ingentes recursos. Y la Argentina eliminaría una de las causas de la permanente volatilidad que entorpece las mejores intenciones y nos sume en la pobreza. Teniendo una moneda confiable, nos sobrarían recursos, los inversores volverían y estaríamos todos más pletóricos.

La tan publicitada flotación en nuestro país, y otras naciones, ha fallado irremediablemente. En vez de lograr el pregonado "cambio de precios relativos", las devaluaciones impactan principalmente achicando los patrimonios del conjunto y acelerando la inflación. Una frustración que nos viene empobreciendo de forma sistemática. A los argentinos les espanta el FMI porque lo asocian a caídas de ingresos y devaluaciones sin fin. Una consecuencia contundente es que desde 1970 tuvimos que cambiar cinco signos monetarios para suprimir 13 ceros a nuestros pesos actuales. La cotización de 40 pesos por dólar en verdad debiera leerse 400.000.000.000.000 cuatrocientos millones de millones de pesos por dólar.

Mi nuevo libro Fin de la Pobreza descubre el largo camino a construir la confianza del consenso, buen trato y el rol de cada institución en defender los derechos de propiedad y la riqueza de la nación. Una moneda confiable, la deseada por la población e inversores, es un paso sustancial.

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