"¿Qué va a pasar cuando informemos al Congreso sobre el nivel de emisión monetaria?" La pregunta partió ayer de un grupo de directores del Banco Central a los senadores José Luis Gioja, Carlos Verna y Oscar Lamberto, durante un almuerzo en la entidad monetaria. La invitación tenía un sentido claro: desde que se derogó la convertibilidad el Central está obligado a informar a las cámaras la evolución de la masa monetaria y el cumplimiento de las metas de emisión fijadas en el Presupuesto nacional, y ese límite ya fue sobrepasado con holgura en el primer cuatrimestre.
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Sentados frente a Ricardo Branda, Aldo Pignanelli y el resto de los directores del Central, los senadores escucharon algo que sabían de antemano. Nadie quiso dar el número justo, pero los funcionarios preguntaban qué postura tomará el Congreso cuando se reconozca una emisión desde el 1 de enero de alrededor de $ 5.000 millones, cuando el presupuesto autorizó sólo $ 3.500 millones. El dato desde lo legal puede tener sus complicaciones, pero la idea de cuántos billetes se pueden emitir todavía hasta fin de año les cayó como un mazazo a los presentes.
Es cierto que el Central podría compensar las diferencias durante el año absorbiendo fondos, pero el panorama del sector financiero que ayer escucharon los senadores les dejó aclarado que, en la actual situación, el ritmo de emisión era imposible de parar frente a la necesidad de redescuentos de los bancos. Por eso la pregunta que siguió: «¿Hasta dónde banca el Congreso? Con este 'corralito' y el plan BONEX que plantea Economía no va a ser posible parar la maquinita». Luego vino una larga queja contra la falta de herramientas legales para afrontar la iliquidez del sistema financiero y los pronósticos negativos sobre la situación de las entidades.
Las renuncias en el directorio del banco fueron también tema en el almuerzo como la preocupación por dos visitas que habían recibido el día anterior: Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota, cada uno por su lado, se reunieron con Blejer para respaldarlo en su cargo y hablarle de la situación de bancos privados con fuerte presencia en sus provincias que tienen serios problemas de liquidez. Cuando terminaron de comer, llamado de interno mediante, Gioja, Verna, Lamberto y los funcionarios del banco se trasladaron al despacho del Presidente.
La charla allí no cambió de tema. Blejer se quejó por la forma en que Economía está negociando el canje de bonos por depósitos e incluso aseveró que el proyecto que se está planteando es el mejor camino a seguir hacia una hiperinflación. «El problema es que se habla de cerrar el 'corralito' de los sueldos y abrir el grande de los plazos fijos. Con eso sólo se consigue ponernos a todo el mundo en contra y no se soluciona nada. Por el contrario, la presión sobre el dólar viene del otro 'corralito'. La gente usa la plata de los sueldos para vivir, es poco lo que se va al dólar. Están haciendo todo lo opuesto a lo que indica la lógica», les confesó.
Las diferencias entre Economía y el Central también aparecieron en la discusión, y si bien los presentes se negaron a reconocer el verdadero nivel del conflicto, se supo que algunos directores del Central ya hablan de una campaña desde las oficinas de Lavagna para cambiar el directorio de la entidad.
• Multiplicación de amparos
Siempre con tono de cierta amargura, Blejer explicó que el Central hoy no cuenta con las herramientas suficientes para tratar a las entidades en problemas: «La situación del 'corralito' es desesperante. El goteo de los bancos continúa. Se han multiplicado los amparos para que los mayores de 75 años y enfermos retiren sus fondos. Además, quien puede extraer dinero por alguna vía lo hace y se lleva todo. Para colmo se está generando un nuevo efecto: la gente saca la plata de las cuentas de bancos privados y los pasa a los estatales porque creen que es imposible que quiebren. Cada vez más depositan los cheques en sus cuentas del Nación o Provincia. Como no entra un peso a ningún banco, la situación de iliquidez se sigue agravando», explicó uno de los directores presentes.
Blejer les mencionó a los senadores las causas por las que tres directores le habían presentado la renuncia: Roberto Reyna, Felipe Murolo y Amalia Martínez. Si bien oficialmente se argumentaron problemas personales y de salud, en la charla quedó aclarado que ningún funcionario está dispuesto a seguir adelante con una estructura legal que no los protege y un sistema financiero que exige cada día más préstamos a los bancos, mayor nivel de emisión y un horizonte cercano de hiperinflación.
Un rato antes Blejer había almorzado en el mismo edificio del Central con los menemistas Jorge Castro y Ana María Mosso, a quienes había invitado para hablar de política y situación general del peronismo. Mientras afuera arreciaban las versiones de renuncias en la entidad monetaria, Blejer les explicaba la necesidad de contar cuanto antes con una ley que garantice la inmunidad legal de los funcionarios del Central frente a las resoluciones firmadas, y que deberán rubricar a futuro cuando se lance el plan BONEX definitivo, que podrían hacerlos pasear por los tribunales cuando los ahorristas comiencen a denunciarlos. «Si esto no se soluciona nadie va a querer firmar temas conflictivos», dijo. De ahí a pronosticar renuncias masivas en el Central había sólo un paso.
Pero el estado de ánimo del presidente del Central estaba bajo no sólo por ese tema. La preocupación por la virtual ruptura de relaciones con Economía, las diferencias en torno al nuevo plan de bonos que analiza el ministerio y la falta de instrumentos legales para manejar la situación de insolvencia de los bancos fueron protagonistas de la charla durante el almuerzo. Es más, cuando se habló de la inestabilidad del mercado del dólar, Blejer llegó a confesarles que el propio Alan Greenspan, en una charla reciente, había apoyado la idea de una dolarización para la Argentina.
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