El triste fin del bono "Centenario": se pagará 82 años antes

Economía

Con el fin del canje terminó su vida útil una de las aventuras financieras más bizarras (y perdidosas) de la controvertida historia de la deuda argentina. El bono Centenario, que debía vencer en junio de 2117; fue canjeado por los Global 2035 y 2046, con lo que su extensión original se redujo a menos de la mitad. Como además fue uno de los que más alta adhesión mostró en la reestructuración de deuda, no necesitó de mayores cláusulas colectivas; con lo que la aceptación de la propuesta de Martín Guzmán se demostró más que atractiva. No era para menos. Se trata de un bono canjeado, cuyos plazos, en lugar de extenderse, se redujeron. Pero que, igualmente, resultó una inversión ruinosa. Como reflexionó un empresario que fue convencido de sus bondades, “en lugar de mis nietos, lo cobrarán mis hijos. No es poco”.

El bono ya canjeado redujo su cronograma de vencimientos en 82 años; cambiando el primer pago del 2011 al 2035; pero reduciendo sustancialmente su tasa de interés de pago de cupón de 7,125 a 3,05%.

La historia del Centenario es curiosa. El 19 de junio de 2017, Luis Caputo sorprendía a los mercados al completar, con éxito, la colocación de un nuevo bono, cuya duración sería inédita para la mucha (y triste) historia de las operaciones de deuda voluntaria de la Argentina. Ese día, el ministro de Finanzas de entonces lanzó el denominado bono “Centenario”, que vencería en 2117, y que debería pagarse durante cinco generaciones. Ese bono a 100 años de plazo fue emitido por unos u$s2.759 millones, con un cupón de renta fija del 7,125% anual. La colocación fue un verdadero éxito, lo que, según el funcionario, representaba que “una emisión de este tipo es posible gracias a que logramos recuperar la credibilidad y la confianza del mundo en Argentina y en el futuro de nuestra economía”. Agregaba además que el país mostraba “prudencia y responsabilidad”. Con esta operatoria era de los pocos países en el mundo que había logrado emitir este tipo de deuda, junto con México, Bélgica, Irlanda, China, Dinamarca o Suecia.

“Estamos más cerca de países normales como Bélgica o México que de Venezuela, con quien el Gobierno anterior solía endeudarse a 5 años de plazo y a tasas de un 15%. Es un sello de confianza no sólo en esta administración, sino también en el futuro del país”, agregaba el titular de Finanzas. A esa altura, para 2017, Argentina sumaría unos u$s12.750 millones bajo legislación extranjera; y se disponía a cubrir un programa por unos u$s2.600 millones más en lo que quedaba de 2017 y otros u$s8.000 para enero de 2018. Según Caputo, la emisión del bono Centenario se justificaba en que las condiciones en el mercado en dólares eran “demasiado buenas como para dejarlas pasar”.

Al haber cortado en su lanzamiento a u$s90 por cada lámina de u$s100, lo exacto sería decir que el Gobierno de Mauricio Macri tomó u$s2.475 millones, por los que debería haber pagado en 2117 u$s2.750 millones, más u$s196 millones durante un siglo, siendo que el bono no tiene amortizaciones periódicas de capital. Por eso se afirmaba en aquellos días de 2017 que el rendimiento del bono era equivalente al 7,91% anual sobre el capital. La operación la habían cerrado el Citigroup y HSBC como bancos gestores, mientras que Nomura y Santander actuaron como encargados conjuntos. Curiosa parábola la de este bono: el mismo HSBC se convirtió en gestor primero y sepulturero después, al haber tenido que explicarles a los tenedores de esta deuda que aquel Global 100 sería de los pocos que traerían una noticia positiva para los inversores, al pagarse tanto tiempo antes. En lugar de en 2117, terminará de liquidarse en 2046. Eso sí, con una reducción de intereses que achica el rendimiento a menos de la mitad y una quita de capitales del 5%.

En general, la deuda estaba colocada en grandes bancos de inversión, ya que fue una operación reservada. De hecho sólo se la anunció un día después de haberse concretado, ya que la colocación se realizó exitosamente pero a pocas manos fuertes, que luego la distribuyeron únicamente ante clientes vip, tanto argentinos como del exterior. Para los fondos de inversión de alto vuelo, la opción del bono a 100 años tenía lógica para garantizar un flujo de capitalización anual importante durante largo plazo, con una tasa poco habitual en el mundo financiero de 2017, cuando la tasa internacional operaba en niveles negativos. El panorama cambiaría en el primer trimestre de 2018, cuando la Fed comenzó su carrera alcista en los tipos de tasas para los bonos a 10 años. En abril de ese año comenzaría además el calvario argentino que aún permanece.

En junio de 2017 la operación del bono a 100 años fue calificada como la decisión “más loca” del mundo en política económica. El dictamen provino del editor de la sección Economía del Financial Times, Robin Wigglesworth, que realizó una encuesta a través de Twitter en la que consultaba a sus seguidores: “¿Cuál es la locura más grande?” (What is the craziest), en materia económica a nivel mundial; y entre las opciones incluyó al bono argentino lanzado por Caputo. Finalmente fue el vencedor con el 71% de los votos.

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