Bour: la reforma laboral no logrará cambiar nada
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Dice que la meta de 2,5% es difícil de alcanzar «mucho menos la de 5%», y que en marzo se decidirá gran parte de la suerte del año económico, ya que para esa altura el equipo económico «comenzará a consumirse el blindaje financiero».
Periodista: ¿Qué importancia puede tener la posibilidad de negociar las convenciones colectivas de trabajo reglamentadas por el gobierno?
Juan Luis Bour: Con el anuncio sólo no hay mejoras. Lo que preocupa es que la efectividad de la medida dependa de la actitud del Ministerio de Trabajo. Por como está reglamentada la reforma laboral una compañía que quiera acordar con sus empleados las condiciones de trabajo, deberá luego pasar por el filtro de las cúpulas sindicales y las federaciones y cámaras empresarias.
Es seguro que estos dos actores, cuya representatividad está hoy muy cuestionada, serán los dueños de los cambios en los convenios. Y en ese momento todo dependerá de lo que decida el ministro de Trabajo.
P.: ¿Qué consecuencias tiene esta situación?
J.L.B.: Por la forma en que está reglamentada la reforma laboral se puede provocar que luego de 25 años se logren reabrir las negociaciones de las convenciones colectivas para que la situación no cambie en nada. Esto pasaría porque las cúpulas sindicales y empresarias que, repito, tienen poca representatividad, serían las que decidan los cambios, y no creo que quieran que las cosas se modifiquen mucho.
P.: ¿Por qué dice que le preocupa la actitud del Ministerio de Trabajo?
J.L.B.: Porque podría convalidar lo que negocien las cúpulas y que nada cambie en lugar de favorecer la flexibilización de las condiciones de trabajo, que es a lo que debe apuntar cualquier reforma laboral. Si esto no ocurre, y se deja que las cúpulas decidan y el Ministerio de Trabajo simplemente es un ente burocrático que avala estas negociaciones, estaremos igual que hace 25 años.
Humor ministerial
P.: ¿Qué tipo de posición cree que mostrará Patricia Bullrich?
J.L.B.: No importa la persona. El error es depender de cómo se levante o de la ideología de un ministro de Trabajo, sea Bullrich, Alberto Flamarique o Caro Figueroa. A los empresarios se les ponen los pelos de punta saber que la aplicación de una ley laboral y la posibilidad de modificar convenios colectivos dependen del humor de un ministro y de qué tan hábiles sean los sindicatos para negociar.
La falta de automaticidad para aceptar lo que acuerdan las empresas y sus empleados da inseguridad institucional.
P.: ¿Cómo analiza la cifra de desempleo, que llegaría al 14,7%?
J.L.B.: En octubre de los últimos dos años el índice se había ubicado en 13,8 y 12,8%. Esto implica un aumento de entre uno y dos puntos. Sin embargo, teniendo en cuenta que estamos ante un proceso recesivo que ya lleva más de 28 meses, podría haberse esperado un aumento mayor.
P.: ¿Por qué se atenuó la suba?
J.L.B.: Hay varios factores. En primer lugar cae la cantidad de gente que busca trabajo ante la imposibilidad de conseguir empleo. Bajan, además, los salarios tanto formales como informales, lo que también provoca que se desista de buscar trabajo. Finalmente, las empresas ahora pueden ajustar más vía horarios, menos impuestos y ajustes salariales, con lo cual en algún punto se deja de despedir trabajadores. En definitiva se mantiene la tendencia de crecimiento de un punto porcentual anual en el índice.
P.: ¿Qué puede esperarse en el desempleo si en 2001 la economía crece 2,5% como figura en el presupuesto?
J.L.B.: Si eso se da, habría un aumento del empleo. Un 2,5% de crecimiento implicaría que la cantidad de puestos de trabajo aumente 2%, lo cual podría provocar que por lo menos el nivel de desempleo no aumente. Pero no creo que esto se dé porque es difícil que la Argentina crezca 2,5% en 2001.
P.: José Luis Machinea ya habla de un 4 o 5%...
J.L.B.: Para que sólo se dé la meta de 2,5% debe aumentar la inversión y para que esto ocurra debe bajar el riesgopaís. ¿Qué tenemos hoy? Inversores muy cautelosos por la Argentina que tienen muchos países antes que éste para llevar sus capitales. En medio de este panorama el gobierno anuncia que aumentará el déficit fiscal, por lo que necesitará más fondos. Esto provocará que bajen los depósitos y se pida más dinero a los bancos y las AFJP. Al demandar más fondos y viendo que el mercado internacional se cierra, las tasas serán más altas. No veo por qué en ese panorama pueda aumentar la inversión.
Mes clave
P.: ¿Qué panorama encontrará entonces el equipo económico de José Luis Machinea en 2001?
J.L.B.: El mes clave será marzo. Allí se conocerá que en el 4° trimestre de 2000, y con suerte, el PBI caerá 1,5% contra el mismo período del '99; lo que implicará que la Argentina no creció. Además en marzo hay un importante cronograma de vencimientos de deuda, y como las tasas serán altas, habrá que comenzar a consumir el blindaje financiero. Con ese panorama, resulta difícil pensar que la situación cambiará tanto como para que la Argentina crezca ese 2,5% que se anuncia. Mucho menos 5%.
P.: Si este panorama se da, la consecuencia lógica es que en las próximas elecciones a la Alianza le vaya realmente mal...
J.L.B.: Es casi seguro que en las elecciones de octubre a la coalición que gobierna le irá mal. El punto es por cuánto perderá. Si la derrota es muy importante, los inversores comenzarán a preguntarse cómo hará Fernando de la Rúa para gobernar los últimos dos años.
P.: ¿Cuánto tendría que crecer la economía para que electoralmente se convierta en un factor favorable?
J.L.B.: Sólo tendría importancia un nivel de crecimiento que la gente lo sienta, y esa cifra está muy lejos de 2,5%. Para empezar a hablar debería calcularse un porcentaje superior a 4%, y de forma continuada. Por lo menos la economía debería mostrar ese nivel de crecimiento durante seis o siete meses, lo que no parece que se pueda dar para octubre de 2001.




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