El gobierno brasileño, y no el argentino, será el responsable de calcular que durante 2004 sólo ingresen 15 millones de metros tela demin (materia prima para los jeans), 25% menos que lo que entró en 2003 de este producto. Si este punto del acuerdo entre los productores textiles privados de la Argentina y de Brasil se cumple, desde el gobierno de Néstor Kirchner no se aplicarán las « licencias no automáticas» anunciadas el viernes de la semana pasada por el ministro de Economía, Néstor Kirchner, y que apuntan a restringir la importación de estos bienes provenientes desde Brasil. Mientras tanto, no habría medidas ni restricciones para el resto de los productos textiles ni de otras categorías provenientes del país vecino.
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En principio, éstos serían los capítulos principales del acuerdo virtual (no escrito) al que llegaron los negociadores oficiales de los dos países implicados en el conflicto comercial generado por la situación de los textiles, por lo menos desde el lado argentino. Lo que se espera, en realidad, desde el gobierno de Kirchner y del ministerio de Roberto Lavagna, es que la situación generada por el acuerdo entre privados para la limitación de las telas denim (que representan 80% de la llamada «invasión» de textiles brasileños); lleve a la no aplicación de las medidas paraarancelariasdesde la Argentina-y que seguidamente Brasil renuncie a recurrir a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y a la aplicación del temible «canal ceniza» para algunas exportaciones argentinas clave (harina de trigo, leche en polvo, polietilenos, ajo y otros productos agropecuarios). Este punto es una simple especulación. Nadie sabe cuál será el alcance de la reacción brasileña luego del avance argentino en contra de sus importaciones textiles y sólo el transcurrir de los meses develará la incógnita.
Para que no haya represalias desde Brasilia, en el gobierno argentino se presionó para que se aceptara el último ítem que quedaba por resolver para que se cierre la negociación entre los privados para autorrestringir la llegada del conflictivo denim: quién verificaría que se importen sólo 15 millones de metros de tela este año. El que tendrá esa responsabilidad será finalmente el gobierno brasileño, que según fuentes de la Secretaría de Industria argentina, que maneja Alberto Dumont, quiere que el acuerdo se cumpla por motivos más políticos que económicos. Los industriales nacionales se oponían a esta cláusula, argumentando que los mecanismos de medición oficiales brasileños para sus exportaciones no son confiables. Sin embargo, cierta insistencia oficial habría cerrado las negociaciones y el debate a favor de los autocontroles brasileño. En definitiva, lo que quería el gobierno argentino era que las negociaciones avanzaran luego de seis meses de estancamiento, que hubiera un acuerdo por el denim para que las importaciones caigan 21% y que las restricciones nunca lleguen a aplicarse, y hasta ahora el plan se está cumpliendo.
Hubo otro problema que dificultó la llegada a un acuerdo final, esta vez desde el lado brasileño. Hasta ayer el industrial del país vecino Paulo Skaf, pese a que el acuerdo entre privados ya era conocido, continuaba sus protestas en contra de las restricciones argentinas y se mostraba en pie de guerra. «No vamos a tomar en cuenta esa resolución (la que creó las licencias) que aún no entró en vigor. No vamos a negociar bajo presión», dijo Skaf, representante de los productores textiles brasileños cuando ya habían terminado en realidad las negociaciones privadas. El acuerdo final se haría público el jueves 29, cuando los representantes privados argentinos y brasileños se reúnan en Buenos Aires. En esa oportunidad se negociarían posibles cupos a las ventas brasileñas de alfombras e hilados sintéticos, dos rubros menores en comparación con la tela para jeans.
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