A pocos días de la reunión del FMI en Dubai, el gobierno de Brasil se debate entre renovar su acuerdo con el organismo multilateral, que vence en diciembre, o ensayar una política independiente. La opinión mayoritaria en el gabinete de Luiz Inácio Lula Da Silva apunta a renovar ese acuerdo, aunque piden condiciones «más ventajosas», como ayer lo hizo la Argentina.
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Algunas voces han sugerido la posibilidad de que el FMI permita excluir el gasto social y en infraestructura del cálculo del superávit primario, fijado actualmente en 4,25%.
Importantes miembros del oficialismo ya se pronunciaron a favor de este nuevo acuerdo «blando», que suavice las exigencias del ahorro fiscal. Es el caso del líder del gobierno en el Senado, Aloizio Mercadante, que defiende un acuerdo con bases más flexibles y es una de las principales voces en materia económica del Partido de los Trabajadores.
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