Washington (EFE) - El Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajó ayer levemente sus proyecciones de crecimiento para Brasil y estimó que será de 1,8% este año y de 2% en el año 2002. Sin embargo, David Robinson, del Departamento de Investigación del FMI, explicó durante la presentación del informe titulado «Previsiones económicas mundiales» que los bajos precios del petróleo deberían ayudar a la economía de Brasil y destacó la positiva reducción del déficit de cuenta corriente que se espera para 2002, de 4% frente a 4,7% registrado este año.
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El economista admitió que la crisis argentina ha impactado en Brasil, pero resaltó que recientemente el real se ha recuperado y que el contagio no ha sido tan fuerte como se esperaba. Concretamente, explicó que los efectos de un posible contagio de la crisis financiera argentina a otros países de la región ha sido limitado, incluyendo a Brasil, «ya que esas dificultades habían sido anticipadas por los mercados financieros».
«La continua desaceleración de la economía brasileña y la depreciación temprana del real han empezado a generar una reducción del déficit en cuenta corriente, que ayuda a estabilizar las expectativas sobre las tasas cambiarias», se señala en el informe del organismo.
El Fondo estima que Brasil cerrará el año con un alza del PBI de 1,8%, cifra levemente inferior a 2% que pronosticó la entidad en su revisión de noviembre. En tanto, para el año próximo dejó inalterable la previsión de un crecimiento de 2%. En su cuarta versión de este año sobre las Previsiones Económicas Mundiales, el Fondo rebajó aun más sus pronósticos de crecimiento para casi todas las regiones del mundo en 2002 a la vez que advirtió que el cálculo sigue sujeto a «una gran incertidumbre».
Por otra parte, destacó que «inmediatamente después de los ataques terroristas de setiembre, las tasas de interés, los mercados de valores y la tasa de cambio» en Brasil sufrieron un claro deterioro.
Los analistas del FMI recalcaron que «todavía hay riesgos» para la economía de este país y que ellos están relacionados con «los futuros acontecimientos en la Argentina y las incertidumbres que generen las elecciones presidenciales brasileñas del próximo año». Por ello, el organismo recomendó al gobierno brasileño «seguir con la puesta en marcha de su programa de reformas» y progresar en las de carácter estructural, a las calificó de «cruciales» para mantener «una política fiscal y monetaria restringida».
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