«Cavallo era muy buen alumno... una persona brillante y creativa... Pero nuestro error es discutir sobre personas en lugar de analizar los planes de los economistas.» Yair Mundlak, categórico, rehusó ahondar sobre la personalidad de su discípulo, Domingo Cavallo, a quien en el '76 conoció en la Universidad de Harvard. Sin embargo, en su análisis sobre la situación macroeconómica y los efectos que tiene sobre la actividad agropecuaria se refleja como en un espejo el pensamiento de ambos economistas. «La Argentina vive una situación global crítica que se va a resolver felizmente y va a impactar sobre el agro en su conjunto», indicó el economista israelí, de estrecha vinculación con Cavallo (junto a quien escribió el libro «La Argentina que pudo ser» en 1989), y también con el secretario de Agricultura, Marcelo Regúnaga. «El problema es que en la Argentina no hay apoyo político...», apuró Mundlak como un integrante más del equipo técnico que conduce Cavallo, aunque rápidamente volvió a su visión técnica e indicó que «el crecimiento de la agricultura ayudará al crecimiento de la Argentina». Como fundamento de sus opiniones categóricas, el economista avanzó sobre lo que denomina «entorno macroeconómico»: «para que la Argentina se recupere hay que mejorar la demanda, según la opinión tradicional de los economistas -admitía Mundlak-. Pero la situación actual necesita de capitales que motoricen esa demanda». Además, el crecimiento depende de otros factores, «como aumento de las exportaciones, mayor inversión y consumo, y control de los gastos del Estado», indicaba Mundlak, quien opinaba que «el gasto del Estado no se puede modificar por la situación fiscal» y avanzaba en un tema clave sobre el apoyo que reciben otros sectores de la producción nacional: «No se puede esperar el mismo tratamiento para la producción industrial que para la agrícola. La producción industrial tiene problemas de colocación en el mundo, y la Argentina tiene más facilidad para aumentar sus exportaciones agrícolas».
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Pese a que trataba de focalizar sus opiniones sobre la actividad agrícola, el economista de las Universidades de Chicago y Jerusalem no podía evitar opinar en línea con el Ministerio de Economía. «Hoy existe un problema de credibilidad, pero las medidas de estos días van en la dirección correcta», decía.
En línea con este pensamiento, Mundlak indicaba que «lo más importante es que aumentando la producción de granos y la ganadería, se deriva inevitablemente en un crecimiento en las exportaciones, y esto va a favorecer a los empresarios rurales». Como señal de que la situación del campo no está tan mal -según su aparente visión-, el economista ejemplificó que «la evolución del precio de la tierra muestra que a la suba de los '90 sucedió una disminución en los últimos años que no llegó a los niveles anteriores», sostuvo Mundlak.
Sin embargo, los argumentos del profesor de Cavallo cayeron en el mismo lugar en que mueren los reclamos de la Argentina: los subsidios. «No soy partidario de ellos porque son una mala asignación de recursos», dijo.
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