24 de abril 2001 - 00:00

Cavallo no pudo convencer a De la Rúa sobre el euro

El gobierno decidió anoche dedicar la reunión de gabinete que hoy presidirá Fernando de la Rúa a lanzar un mensaje terminal de que se cumplirán los compromisos financieros externos: consistirá en un drástico recorte del gasto público a partir de un informe que se les encargó ayer a los equipos de la Jefatura de Gabinete y al secretario de Hacienda, Jorge Baldrich. Ese mensaje de austeridad superará en el monto todas las cifras que ha prometido hasta ahora el gobierno para este ejercicio. La medida complementa el menú con el cual se espera enfrentar la turbulencia de los mercados. Se bajará el tono en la defensa de la nueva convertibilidad y además se concretará el retorno del Frepaso a la primera línea del gobierno con la designación casi segura de Juan Pablo Cafiero a cargo de la llamada agencia de ayuda a los pobres. Con este paquete se aspira a contrarrestar el efecto de la salida de Pedro Pou del Banco Central.

Fernando de la Rúa terminó anoche la jornada más nerviosa en lo financiero de su gobierno casi a solas. Cenó en Casa de Gobierno un menú diet acompañado por su secretario presidencial Nicolás Gallo, tomándole examen a Domingo Cavallo y mirando la TV. Este debía cumplir la última misión del día: ir a un programa de cable a dar un reportaje que debía calmar a los mercados que hoy cree el gobierno despertarán con más inquietud que ayer.

Cavallo
partió de la Casa de Gobierno después de una sesión de terapia gubernamental que le ocupó media mañana y media tarde. Temprano estuvo en Olivos con Chrystian Colombo y Gallo convenciendo al Presidente de que Roque Maccarone debía ser el reemplazante de Pedro Pou en el Banco Central de la República Argentina.

Cuando llegó al Ministerio, antes del almuerzo, le anunció a un grupo de gobernadores peronistas que Maccarone había aceptado y debió asumir la segunda tarea del día: explicarle al resto del gobierno qué estaba pasando con el riesgo-país y con la baja de los títulos públicos.

No almorzó -salvo una sanguchada en su despacho, de la misma partida con que alimentó en sala aparte a los gobernadores-ocupado en una ronda telefónica con asesores propios y ajenos, bancos centrales de algunos países del continente y de Europa. También consultó con Daniel Marx -interrumpió un viaje a Chicago adonde quería acompañar a su hijo en la selección del college donde va a iniciar la universidad-los decibeles de lo que por la noche calificaría de «histeria financiera».

De ahí se fue a la Casa de Gobierno donde lo esperaba un núcleo ansioso de escucharlo: Gallo, Colombo y Jorge de la Rúa.

Conspiración

La explicación que escuchó ese lote puede sintetizarse así: la Argentina no ha dejado de cumplir ningún compromiso, tampoco tiene ningún «fundamental» de su economía lesionado. Lo que pasa es porque se ha desatado una conspiración de especuladores que usan los problemas de la coyuntura para hacerse de unos pesos. ¿Cómo? Han tomado seguros de default, se desprendieron a precio de remate de los títulos argentinos que tenían y ahora quieren resarcirse con el seguro que tomaron. La sencillez de la lección pareció convencer a los presentes cuya versación en economía, salvo Colombo, apenas supera la medianía. Pero se quedaron pensando, ¿y si no es así? De la Rúa pareció una excepción porque pidió que el ministro explicase otra vez los beneficios de la nueva convertibilidad. Cavallo lo hizo, pero el Presidente le confesó: «Mirá, Mingo, acá la gente dice que esto no es bueno como señal para el mercado». «Mentira -clamó el ministro-es un disparate». Lo ayudó Colombo, teórico de que se trata de una pelea entre expertos porque nadie puede creer que haya una devaluación detrás del proyecto. «Nadie lo puede probar en serio», decía anoche.

De la Rúa
igual le pidió a Cavallo que fuera nomás al programa de TV y que dejase en claro que el plan del euro no es para ahora y que tampoco es central para el programa. Cavallo se encabritó otra vez: «¿Para qué decir eso si es una pieza fundamental del paquete de medidas?».

De la Rúa
terminó instruyendo a Cavallo y a Colombo sobre el nuevo evangelio que deben predicar esta semana:

1)
Hay que salir a moderar el entusiasmo sobre la nueva convertibilidad. Se insistirá en que no es esencial ni es para ahora. No se retira el proyecto del Congreso, pero se admite que, aunque sin razones de fondo, produce un ruido inconveniente e imparable en el mercado.

2)
Pou se va. Hasta que el Senado hoy no publicite el informe sobre la salida del presidente del Central, se va a negar que se le ofreció el cargo, que éste lo aceptó y que tiene que ser designado hoy mismo. La versión hablaba anoche de un decretazo que designaría a Maccarone y también Felipe Murolo como director del Central.

2) La salida de
Pou se compensa con otras señales, que Cavallo anoche se comprometió a dejar en claro en sus sucesivas apariciones públicas. Una es que el gobierno está dispuesto a bajar drásticamente el gasto. Ese será el tema de la reunión de gabinete de hoy, para la cual los funcionarios de Marcos Makón en la jefatura de Gabinete y Jorge Baldrich (secretario de Hacienda) tienen que llevar una propuesta concreta de ajuste. Tiene que quedar en claro, pidió De la Rúa, que la Argentina va a pagar los compromisos y lo va a probar con otro ajuste del gasto.

3) También se ordena un retorno más efectivo del Frepaso al gabinete. Ayer
Colombo y Cavallo, en distintos turnos, llevaron adelante una larga negociación con Darío Alessandro, por vía telefónica, con Chacho Alvarez. El final es que se cumplirá lo pactado bajo la cúpula de San Pedro entre el Presidente y Juan Pablo Cafiero cuando fueron a visitar al Papa: el hijo de Antonio Cafiero asumirá como titular de la Agencia Social, quizás esta misma semana.

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