Bonos en el freezer: Guzmán regresa del futuro, tasas positivas, CER recargado, dólar, UVA y aguinaldo redux  

Economía

La intervención en el mercado en los bonos CER mira directamente a la licitación del martes próximo, donde el Tesoro no sólo deberá colocar deuda: también deberá ahuyentar fantasmas.

Un nudo. Para saber cómo desatarlo, lo mejor que uno puede hacer es, primero, saber cómo está hecho. Recién ahí aumenta la probabilidad de aflojarlo. Ayer, tanto el Banco Central como la ANSES salieron a poner algunas compras donde sólo había ventas. Los títulos ajustados por CER, esos que indexan por inflación, navegaron las aguas del mercado proa a la recomposición de precios. El ejercicio del Gobierno no fue inocente: a veces, causa y efecto están separados por siglos. Pero otras tantas veces, por apenas algunos días. La intervención de ayer en el mercado mira directamente a la licitación del martes próximo, donde el Tesoro no sólo deberá colocar deuda: también deberá ahuyentar fantasmas.

Los fantasmas no son marca Acme. Tienen firma digital, sello de Juntos por el Cambio, o la etiqueta que se prefiera. Y desde hace varias jornadas, las advertencias del bloque político opositor viene generando olas. Para repasar lo que ya se sabe, varios alfiles de los equipos económicos parece que suman un apéndice a sus charlas vernáculas. “Hay que ofrecer algo más, algo mejor, no ser anti todo”, suele aconsejar el alter ego de Duran Barba, Guillermo Raffo, un consultor argentino radicado en Brasil, y que orbita en la conducción de los cambiemitas. Para el dream team de Juntos, “algo mejor” es la propuesta de reperfilar la deuda en pesos, lo que habilitaría ciertas maniobras que los ilusionan con la posibilidad de dar de baja el cepo cambiario. Si se lo piensa, lo de reperfilar deuda en moneda local no es nuevo, lo hizo oportunamente Hernán Lacunza, ex ministro de economía de Macri, cuando en 2019 sorprendió, es decir, decidió diferir los vencimientos.

Volviendo a lo que importa, los bonos, ayer, por caso, y a pesar de que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) llenó su changuito con títulos CER para levantar las cotizaciones, no pudo con la parte media de la curva que acusó golpes de entre 3 y 6% en los retrocesos.

Es cierto que, como se mencionó, parece que se va terminando el amor que se había erigido entre en marzo y abril con los activos CER, ya en mayo comenzó a respetar una brecha lateral, muchos caucionaron luego, y ahora esto. Por eso, teniendo en cuenta que en las licitaciones de deuda de Guzmán su vidriera había incorporado mucho título ajustado por inflación y que, vista la estrategia con el FMI debe asegurar la profundidad de su fondeo para los próximos días, se entiende que el recurso uno del equipo económico era entrar en el mercado para comprar, es decir, para poner un piso a las valuaciones de los activos.

Ahora bien, casi como un mantra, los inversores se preguntan: ¿adónde van los pesos que se despiden del CER? Varias respuestas salieron al encuentro de los curiosos. Ninguna filosófica. Una, la más cantada como diría Hamlet, fue la del dólar financiero, que emergió en medio de la incógnita, trepando, alzándose entre el resto de las cotizaciones. Mientras la inflación de alimentos proyecta otro 5% en junio, el CCL cerró casi en $220 mientras que el MEP a $217,50.

En el durante, la secta de los monetaristas ofrenda su explicación: las cuentas fiscales de mayo acusaron sobrepeso producto de más subsidios y los planes sociales, por lo que el déficit de la Administración Central casi se triplicó. Los números son de un crecimiento de 191% en términos reales, en el acumulado hasta mayo, que, se supone, termina en mayor emisión monetaria con la finalidad de apagar la sed fiscal. Los datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso sostienen que subieron más los gastos (13,1%) que los ingresos (1,9%). La inmersión en las aguas del déficit arroja que los gastos en programas sociales crecieron 22% real y los subsidios económicos un 29,8% real.

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Si bien queda mucho por analizar, lo concreto es que los inversores institucionales vienen desarmando carteras. Súmesele reperfilamiento a lo Lacunza y un combo de expectativas inflacionarias parecieran no demasiado alineadas, tarea nada sencilla para Economía. Queda por ver cómo hacer el roll over y el repago, al tiempo que Pesce debe resolver el acertijo sobre cómo acumular reservas cuando la liquidación es tan abundante. Parece un contrasentido, pero nada lo es del todo cuando el riesgo país sube 3% y llega a los 2.029 puntos, el mayor valor desde septiembre de 2020.

Por último, pero no menos importante, es lo que puede comenzar a salir a flote. ¿Los pesos que van al dólar financiero, podrían cambiar el curso? Es probable. Piénsese. ¿Qué debería hacer Pesce en todo este juego? Respuesta, además de ver la manera de acumular dólares, Pesce podría, atención, subir la tasa de interés. Así, la deuda CER, que está llamada a ser el centro de atención la semana próxima, podría comenzar a recorrer el camino de convertirse en una tasa real positiva, lo que le daría un aire de seducción que pareciera estar perdiendo. Así, si hoy es el mañana del que alguien se preocupaba ayer, entonces Guzmán deberá cavilar en sus ratios de ocio, telefonear a Washington, y convencer a Georgieva de algo que seguro la propia Georgieva está convencida hace rato. Al margen, algo adicional podría empujar: la necesidad de pesos de las empresas para pagar aguinaldos. En algunos días más, esa promesa tornará realidad. Del otro lado del mostrador, por ahora, no se duda: el plazo fijo UVA te deja justo por debajo de la inflación, pero le gana al plazo fijo mensual y a la tasa.

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