La CGT le pidió al FMI más apoyo en proceso de negociación por la deuda

Economía

El organismo dio señales positivas hacia la oferta del Gobierno a los acreedores y hasta dio a entender que fue un error prestarle a Macri.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) desplegó ayer menos de su agenda habitual con la Argentina y se mostró más conciliador ante la “mesa chica” de la CGT, que le pidió una gestión de buenos oficios ante los acreedores externos para apuntalar al Gobierno hacia una salida rápida y en buenos términos de la cesación de pagos.

Incluso los funcionarios del organismo deslizaron un pronóstico favorable para la renegociación y de paso una suerte de acto de contrición por el volumen y el ritmo de endeudamiento durante la gestión de Mauricio Macri, a la luz de los resultados de aquella administración. En un encuentro virtual y en otro posterior, presencial y con funcionarios del Gobierno, la central obrera expuso también la necesidad de una mesa de diálogo para plantear el escenario económico pospandemia.

La teleconferencia, que adelantó la semana pasada este diario, tuvo como protagonistas al jefe de la misión del Fondo, el venezolano Luis Cubeddu, al encargado de la oficina local del organismo, el jamaiquino Trevor Alleyne, y al argentino Sergio Chodos, responsable ante el directorio por el Cono Sur y el funcionario de Alberto Fernández en la primera línea de discusiones por la deuda. Por la CGT participaron los cotitulares Héctor Daer y Carlos Acuña junto a Gerardo Martínez, principal referente ante organismos internacionales, Andrés Rodríguez y José Luis Lingeri.

El Gobierno resultó el actor más mimado de la charla. La CGT se encargó de ensalzar las medidas para la contención del empleo y el salario en la cuarentena y el organismo multilateral de crédito reiteró su nueva prédica acerca de que la deuda argentina en los términos actuales “es insostenible” y que debe atenderse la propuesta elevada por el Ejecutivo a los acreedores para darle “sostenibilidad” al endeudamiento y allanar “el camino para un crecimiento económico fuerte e inclusivo, con alta generación de empleo”, señaló un comunicado.

Cubeddu, que llevó el ritmo de las exposiciones por el FMI, les dio a entender a los dirigentes que la discusión con los acreedores privados estaba bien encaminada y con chances concretas de facilitar un acuerdo. El “mea culpa” tuvo que ver con la admisión sobre el volumen de deuda que Macri le entregó a Fernández y que en lugar de haber sido destinado al aparato productivo terminara en fuga de capitales y bicicleta financiera. Con términos más sutiles. La cúpula de la CGT aprovechó esa instancia para pedirle al organismo una acción más decidida a favor del Gobierno ante los bonistas.

También hubo margen para menciones elegantes a los ítems clásicos del Fondo. Aunque no se mencionó el término “reforma laboral” los responsables del organismo hicieron saber que había concitado “mucho interés” en el mundo el acuerdo de flexibilidad de los petroleros para Vaca Muerta. Les salió al cruce Daer al señalar que esas pautas habían generado un marco de previsibilidad en el sector pero que las inversiones luego cayeron cuando se derrumbó el precio internacional del barril de crudo. Es decir que el “costo laboral” había sido un factor marginal.

Todos coincidieron en la importancia de un arreglo ordenado de la deuda para facilitar la llegada de inversiones a la Argentina en un eventual escenario de salida de la cuarentena y de “nueva normalidad” tras la pandemia. Las reformas estructurales (laboral, previsional), que en la cima de la CGT admiten por lo bajo como inevitables, quedaron en un segundo plano para eventuales nuevas conversaciones con el Fondo. Pero tuvieron mayor protagonismo en el almuerzo posterior que los sindicalistas mantuvieron con el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, y con la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca.

Con los funcionarios el eje central fue el debate por la economía pospandemia y la necesidad de una mayor articulación entre el Gobierno, los empresarios y los sindicalistas. Ambos encuentros le sirvieron, de paso, a la CGT para revalidar su condición de interlocutores privilegiados en la crisis. Además Moroni y Todesca se llevaron la impresión de que los gremios tradicionales serán con ellos más abiertos a discutir modificaciones en aspectos sensibles como la legislación laboral pero bajo la premisa de que no será para resignar derechos y conquistas sino como adecuación del marco normativo.

La comida representó la vuelta al diálogo que el Gabinete económico había iniciado con el Grupo de los 6 (las cámaras empresarias más relevantes) y con la CGT y que se vio interrumpido por el coronavirus. En este encuentro estuvo el jefe del gremio de Comercio, Armando Cavalieri, quien había sorprendido a propios y extraños días atrás al enunciar públicamente en una entrevista por AM 750 que una reforma laboral se haría inevitable en la nueva economía tras la pandemia. Aunque tampoco esa postura fue eje del almuerzo la CGT insistió en la necesidad de impulsar un comité de crisis para consensuar medidas con los empleadores y el Gobierno.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Temas

Dejá tu comentario