El diario «Los Tiempos» de La Paz, Bolivia, publicó ayer un editorial sobre un hecho que abre un nuevo frente en el debate sobre el precio del gas que exporta ese país. Afirma que Chile estaría negociandola compra directa de ese recurso, poniendo el debate sobre la salida de Bolivia al mar, un conflicto que ha dividido a los dos países durante décadas. Veamos esa nota de «Los Tiempos».
Una negociación y acuerdo, aparte de constituir reparación histórica justa y apertura de canal impensado de ingresos, serían los llamados a facilitar lo que se trata de conseguir de los poderosos vecinos del Este y del Sur. Las informaciones relativas a la invitación de la presidenta Michelle Bachelet a su par Evo Morales Ayma para sostener un diálogo en el marco de la próxima conferencia entre la Unión Europea y la América del Sur y el Caribe, por un lado, y al inusitado interés que la nacionalización de los hidrocarburos ha despertado en Chile, en la perspectiva de proveerse de gas boliviano a un valor muy superior al que actualmente pagan la Argentina y Brasil, por el otro, son ciertamente alentadoras para el gobierno y la nación boliviana, máxime si a ello deben agregarse recientes manifestaciones sobre la voluntad de Santiago de zanjar, finalmente, el diferendo marítimo que confronta a ambos países desde la suscripción del tratado de 1904 emergente de la conflagración del Pacífico.
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Ambos acontecimientos se suceden en momentos en que el entendimiento entre Bolivia y sus principales compradores del energético, sea por expediente oficial o gestión de las empresas extranjeras radicadas en territorio nacional, sigue inmerso en un mar de dudas, por esperanzas que de nuestra parte se tengan cifradas en la participación del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el caso brasileño, mientras que el de la Argentina mantiene todavía una posición de cautela a propósito de la demanda de mejores precios para las operaciones de compraventa que le permiten abastecer las necesidades de gas de su mercado y al parecer también las del mismo Chile, lo que hace pensar en que acabará por traspasar el problema al consorcio Repsol YPF.
Es así que los chilenos de pronto dicen su palabra por conducto tanto gubernamental como de su crecido y eficiente aparato productivo, acerca de la posibilidad de convertirse en nuevos clientes de Bolivia a través de medidas que concertadas bilateralmentee incluyendo, desde luego, la resolución del conflicto mencionado, podrían cristalizarse en el corto plazo. La oportunidad para el Movimiento al Socialismo y su administración de la cosa pública, de suyo paradójica si se considera el discurso que empleó en el llano deparando conocidas consecuencias en el plano político interno, estaría pues a las puertas siempre que sepa aprovecharla con tino y sabiduría a partir del encuentro entre los mandatarios Bachelet y Morales en Viena, para el que es de suponer que éste y sus equipos asesores en materia de hidrocarburos y relaciones exteriores habrán de prepararse en debida forma.
Una negociación y acuerdo en tal dirección, aparte de constituir reparación histórica justa y apertura de canal impensado de ingresos frescos al erario fiscal, vistos desde otro ángulo serían los llamados a facilitar lo que hoy por hoy se trata, precisamente, de conseguir de los poderosos vecinos del Este y del Sur, a la vez de afianzar la integración de esta parte del continente, víctima de recurrentes tropiezos más allá de los enunciados líricos.
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