El gobierno chino de Hu Jintao, consciente del poder que genera su país en el comercio y las finanzas internacionales, decidió ayer presionar a los estados más desarrollados del mundo, en particular, a los Estados Unidos, en respuesta a las quejas por el manejo de la economía del país asiático. El gobierno chino resolvió no concurrir a la próxima reunión del FMI y del Banco Mundial, porque no quiere discutir una devaluación del yuan. Además, protestó por la decisión del gobierno de George W. Bush para restringir la importación de textiles chinos. El estado oriental criticó «el proteccionismo».
Pekín (ANSA) - China informó ayer que no enviará funcionarios ni a la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial ni a los próximos encuentros de los ministros de Finanzas de los países miembros del G-7, integrado por los estados más ricos del mundo. La decisión del gobierno de Hu Jintao fue difundida ayer, y se basa en la negativa de la conducción económica de este país de aceptar corregir a la baja el tipo de cambio en China para mejorar la competitividad de otros países ante las exportaciones provenientes del estado oriental.
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China era uno de los principales invitados a participar de los dos encuentros, pero ante la seguridad de que se discutiría su situación cambiaria, algo que no está dispuesta a negociar, optó por renunciar a ambos eventos.
El FMI y el Banco Mundial se reúnen dos veces al año, en la primavera y en el otoño, y los ministros de Finanzas del G-7 mantienen encuentros propios en ocasión de las reuniones de los organismos crediticios internacionales. En esos ámbitos se eligen varios temas puntuales para discutir entre los directores y economistas de los dos organismos internacionales y los ministros de Finanzas de los estados del G-7, y en la próxima reunión la situación de China y los problemas de competitividad de los bienes que fabrica eran uno de los debates organizados.
Se recordaba ayer que en otoño pasado, el gobernador del Banco de China, Zhou Xiaochuan; y el ministro de Finanzas chino, Jin Renquing, se unieron a las conversaciones de los ministros del G-7, donde enfrentaron presiones para que modificaran la política de cambio fijo de la moneda china, el yuan, frente al dólar, que se sitúa en 8,28 dólares.
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