11 de julio 2001 - 00:00

Clinton predicó el evangelio de Internet ante empresarios

Fernando de la Rúa saluda a Bill Clinton
Fernando de la Rúa saluda a Bill Clinton
Un discurso «para todo público» fue el que dio ayer el ex presidente Bill Clinton, en el que las referencias a la necesidad de ayudar a quienes menos tienen para que todos tengamos algo en el futuro fue lo más relevante.

Una audiencia atenta escuchó en silencio -sólo hubo aplausos al final-las referencias de Clinton a sus viajes por países del Tercer Mundo, las dificultades que acarrea la brecha informática entre ricos y pobres y la incorrección (política y de la otra) de subestimar a los más humildes al momento de decidir quién recibe el beneficio de la conexión a la Red.

Clinton y Fernando de la Rúa (padre) llegaron al mismo tiempo al salón en el que se desarrolló el cóctel «VIP» que disfrutó un centenar de privilegiados y que habían contribuido a pagar el evento (uno de los costos no menores, por cierto, fue el «fee» que cobró Clinton, que rondaría los u$s 150.000).

Entre los VIP se contaron los patrocinadores de la conferencia, los directivos de Educ.ar, el empresario Martín Varsavsky y Fernando de la Rúa (hijo); el embajador de Estados Unidos, Jim Walsh; y el ministro de Educación, Andrés Delich. Los acompañaban el intendente Andrés Ibarra y su secretario educativo, Daniel Filmus.

También toda la plana mayor de IRSA: su CEO, Eduardo Elsztain; Marcelo Mindlin; el CEO del Hipotecario, Miguel Kiguel; Saúl Zang; Augusto Rodríguez Larreta; el titular de Fiat Argentina, Cristiano Rattazzi; el ministro de Educación bonaerense, José Octavio Bordón; el titular de Camuzzi, Martín Blaquier; su colega de AOL, Osvaldo Setuain; los economistas Juan Alemann y Pablo Guidotti; el director de Repsol-YPF, Alejandro McFarlane; su colega de Disco, Carlos Paciarotti; la diputada Beatriz Nofal; el senador Pedro del Piero; Fabián Falco (Aguas Argentinas); y el escritor Marcos Aguinis.

• Sin banqueros

Luego se les unieron los CEO de Intel, Ziequel Daniels; de Cisco, Javier Núñez; y de EDS, Jorge Cavedo. Quizá por las dificultades que atravesaba a esa hora el mercado financiero, casi no se vio a banqueros: apenas a Carlos Curi, titular de BNP.

Un rato más tarde, se unieron a los cerca de
650 espectadores que fueron a escuchar a Clinton, que previamente habían dado cuenta de unas frugales mesas de medialunas y café (en el reservado el menú era algo más variado y generoso).

«Aíto» De la Rúa y Varsavsky hicieron la introducción del orador principal. El hijo del presidente argentino insistió en dirigirse a él como
«el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton», cuando el protocolo indica que -aun a pesar de haber dejado el ejercicio del cargo-el título honorífico de «presidente» (como si fuera «doctor», «licenciado», etc.) lo acompañará de por vida.

Algún chusco en la platea arriesgó la teoría de que «Aíto» De la Rúa se negó a llamarlo «presidente» porque en la Argentina muchos le dan ese tratamiento de cortesía al antecesor de su padre en el puesto. En cambio
Varsavsky, que vivió muchos años en Miami -y no tendría ese conflicto mental con Carlos Menem-, se dirigió a Clinton, correctamente, como «presidente».

De camisa mostaza, traje habano y corbata colorada,
William Jefferson Clinton abrió su discurso recordando su anterior visita a la Argentina. Como todo «speaker» estadounidense, el 42° presidente de la Unión siguió con un chiste: «Tengo un lugar en mi corazón para Martín Varsavsky: como mediocre saxofonista amateur, no puedo sino admirar a un hombre que bautizó su empresa como Jazztel».

Después se internó (interesante, pero no demasiado profundo) en el tema del
«digital divide» (la brecha tecnológica entre ricos y pobres, países desarrollados y en vías de desarrollo) y reclamó que se trabaje en su desaparición.

Hubo más chistes al momento de recordar que cuando asumió la presidencia un «chip» era
«algo que se comía» (es el nombre en inglés de las papas fritas de paquete), un «disk» era una parte de la columna vertebral, un «semiconductor» era «un mal aspirante a director de orquesta, como yo».

El orador, sin embargo, demostró que había hecho los deberes cuando hizo referencia a
«un joven argentino que visitó mi país hace 150 años: le llamó la atención la forma en que las parejas se hacían la corte, pero rescató la importancia de que cada persona podía progresar de acuerdo con sus capacidades, los avances tecnológicos que advertía y la importancia de la educación». Obviamente, el recuerdo era para Domingo Faustino Sarmiento.

Después dio cifras bastante conocidas (cuántos hogares tienen PC en su país, que casi 100% de las escuelas de Estados Unidos tiene Internet, que cuanto más pobre es un país más cara es la conexión a la Web, cuando debería ser al revés, abogó), y sorprendió citando el libro
«Non Zero».

La tesis de este autor, relató Clinton, es que cuanto más complejas se hacen las sociedades, sus integrantes tienden a procurar soluciones a sus conflictos que no necesariamente sumen cero.
«Un partido de fútbol o de tenis, o incluso, una elección presidencial son conflictos de suma cero: para que alguien gane, otro debe perder. Pero darles acceso a la tecnología a millones de chicos pobres es una solución de suma no-cero, porque todos ganamos: no es posible pensar en vivir en un mundo en el que desaparezcan las armas de destrucción masiva, el terrorismo, el narcotráfico y las enfermedades sin distribuir mejor la riqueza y colaborar para que quienes hoy son pobres, marginales, dejen de serlo.»

Dio como ejemplo el hecho de que China es un país relativamente libre de sida. «Pero según una encuesta sólo 4% de su población sabe cómo se contrae esa enfermedad. Si no invertimos ya mismo en campañas de difusión, es probable que el mal se extienda allí también.»

Clinton hizo alusión a una frase que había dicho Varsavsky poco antes, cuando lo presentó. El empresario recordó que el proyecto Educ.ar -que patrocina y tiene como empleado principal a «Aíto» de la Rúa-había sido criticado por tratar de llevar computadoras a chicos que no tienen para comer.

«Eso es paternalismo hacia los más desposeídos, que tienen derecho a acceder al conocimiento y la tecnología. Cada chico pobre que tenga contacto con la Red cambiará su vida y también las de miles de alrededor de él»
, dijo Clinton.

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