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Un rato más tarde, se unieron a los cerca de 650 espectadores que fueron a escuchar a Clinton, que previamente habían dado cuenta de unas frugales mesas de medialunas y café (en el reservado el menú era algo más variado y generoso).
«Aíto» De la Rúa y Varsavsky hicieron la introducción del orador principal. El hijo del presidente argentino insistió en dirigirse a él como «el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton», cuando el protocolo indica que -aun a pesar de haber dejado el ejercicio del cargo-el título honorífico de «presidente» (como si fuera «doctor», «licenciado», etc.) lo acompañará de por vida.
Algún chusco en la platea arriesgó la teoría de que «Aíto» De la Rúa se negó a llamarlo «presidente» porque en la Argentina muchos le dan ese tratamiento de cortesía al antecesor de su padre en el puesto. En cambio Varsavsky, que vivió muchos años en Miami -y no tendría ese conflicto mental con Carlos Menem-, se dirigió a Clinton, correctamente, como «presidente».
De camisa mostaza, traje habano y corbata colorada, William Jefferson Clinton abrió su discurso recordando su anterior visita a la Argentina. Como todo «speaker» estadounidense, el 42° presidente de la Unión siguió con un chiste: «Tengo un lugar en mi corazón para Martín Varsavsky: como mediocre saxofonista amateur, no puedo sino admirar a un hombre que bautizó su empresa como Jazztel».
Después se internó (interesante, pero no demasiado profundo) en el tema del «digital divide» (la brecha tecnológica entre ricos y pobres, países desarrollados y en vías de desarrollo) y reclamó que se trabaje en su desaparición.
Hubo más chistes al momento de recordar que cuando asumió la presidencia un «chip» era «algo que se comía» (es el nombre en inglés de las papas fritas de paquete), un «disk» era una parte de la columna vertebral, un «semiconductor» era «un mal aspirante a director de orquesta, como yo».
El orador, sin embargo, demostró que había hecho los deberes cuando hizo referencia a «un joven argentino que visitó mi país hace 150 años: le llamó la atención la forma en que las parejas se hacían la corte, pero rescató la importancia de que cada persona podía progresar de acuerdo con sus capacidades, los avances tecnológicos que advertía y la importancia de la educación». Obviamente, el recuerdo era para Domingo Faustino Sarmiento.
Después dio cifras bastante conocidas (cuántos hogares tienen PC en su país, que casi 100% de las escuelas de Estados Unidos tiene Internet, que cuanto más pobre es un país más cara es la conexión a la Web, cuando debería ser al revés, abogó), y sorprendió citando el libro «Non Zero».
La tesis de este autor, relató Clinton, es que cuanto más complejas se hacen las sociedades, sus integrantes tienden a procurar soluciones a sus conflictos que no necesariamente sumen cero. «Un partido de fútbol o de tenis, o incluso, una elección presidencial son conflictos de suma cero: para que alguien gane, otro debe perder. Pero darles acceso a la tecnología a millones de chicos pobres es una solución de suma no-cero, porque todos ganamos: no es posible pensar en vivir en un mundo en el que desaparezcan las armas de destrucción masiva, el terrorismo, el narcotráfico y las enfermedades sin distribuir mejor la riqueza y colaborar para que quienes hoy son pobres, marginales, dejen de serlo.»
Dio como ejemplo el hecho de que China es un país relativamente libre de sida. «Pero según una encuesta sólo 4% de su población sabe cómo se contrae esa enfermedad. Si no invertimos ya mismo en campañas de difusión, es probable que el mal se extienda allí también.»
Clinton hizo alusión a una frase que había dicho Varsavsky poco antes, cuando lo presentó. El empresario recordó que el proyecto Educ.ar -que patrocina y tiene como empleado principal a «Aíto» de la Rúa-había sido criticado por tratar de llevar computadoras a chicos que no tienen para comer.
«Eso es paternalismo hacia los más desposeídos, que tienen derecho a acceder al conocimiento y la tecnología. Cada chico pobre que tenga contacto con la Red cambiará su vida y también las de miles de alrededor de él», dijo Clinton.




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