Club de París y FMI: Economía busca sumar apoyo de Japón

Economía

Martín Guzmán sigue adelante en su intento de lograr cerrar la Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional (FMI); y, mientras tanto, conseguir un “puente de tiempo” para postergar los pagos con el Club de París hasta que avance el acuerdo con el organismo que maneja Kristalina Georgieva. La decisión del ministro es avanzar en el trabajo que se fijó como meta. Y que tiene en la racionalización de la deuda externa argentina su objetivo máximo. Para esto avanzó la semana pasada en tomar contacto con Japón; uno de los principales actores mundiales, y acreedor del país; para que se sume al listado de países que avalan la propuesta argentina, como Alemania, Francia, España e Italia, entre los más importantes. Guzmán le aclaró al gobierno japonés que, a diferencia de lo que sucedió con los países europeos, no podrá viajar a Tokio; debido al recrudecimiento de la segunda ola del covid; pero presentó todo su arsenal de documentos, cuadros y proyecciones macroeconómicas.

La comunicación del ministro con Japón es con el ministro de Finanzas Taro Aso, hombre muy influyente en el gobierno del primer ministro Yoshihide Suga; los dos hombres que tendrán la decisión de apoyar, o no, al país en el momento adecuado. Pero que, como cualquier funcionario japonés, son duros e inflexibles con los estados crónicamente deudores. Como Argentina; que tiene a ese país como el segundo acreedor con el Club de París con un 22,34% del total de los u$s2.400 millones que se deben. Todos los estados a los que se les debe dinero en este organismo, son integrantes del G-7. Esto es, los países más desarrollados del mundo. Y según lo que se explica desde el Club, no es cierto que no puedan tomarse medidas extraordinarias, como la de no necesitar indefectiblemente un acuerdo con el FMI para que se firme un acuerdo para renegociar el pago de los u$u2.400 millones. El problema que tiene Argentina, es que las decisiones se deben tomar por unanimidad; y si hay un estado que no esté de acuerdo con la manera en que se apliquen medidas de flexibilización, este no puede tener vigencia. Con lo cual, sí o sí, hay que sumar a Japón en el acuerdo.

La deuda que se mantiene con ese estado, se generó en los 90, a partir de una serie de préstamos para prefinanciar exportaciones japonesas y radicación de plantes de ese país en la Argentina, renegociados luego por Axel Kicillof como ministro de Economía como parte de la deuda global del Club de París en 2014. El primer acreedor es Alemania con un 37,37%, dinero generado de manera mixta; con créditos directos para empresas privadas (también de los 90), sumado a viejas líneas del gobierno alemán a la Argentina de décadas anteriores. En el listado luego aparece Holanda con un 7,98% de la deuda. Se trata de otro caso complicado, donde por cuestiones culturales no existe mucha flexibilidad para países que no cumplen con sus pagos. Los Países Bajos votan tradicionalmente en contra en el board del FMI de los acuerdo que propone Argentina.

El cuarto acreedor del país es España, con un 6,68% de la deuda. Es el rezago generado por el crédito que en 2001 giró el gobierno de José María Aznar, para ayudar a sostener la convertibilidad y los giros de dividendos de las compañías españolas radicadas en el país. El total de ese crédito fue de unos u$s1.100 millones, Argentina los declaró en default en diciembre del 2001 con el resto de la deuda externa argentina y durante la primera etapa de gestión de Néstor Kirchner hubo un intento de negociarla por fuera del Club de París, en mejores condiciones que el resto de los acreedores. La presión del resto de los socios de la Unión Europea hizo que el pasivo se sume a la demanda general del Club de París. Le siguen como acreedores Italia (6,29%), Estados Unidos (6,28%), Suiza (5,31%), Francia (3,62%), Canadá (2,02%) y un 2% distribuido en el resto del mundo.

El antecedente para conseguir un acuerdo con el Club de París de manera flexible en tiempos de kirchnerismo, no es auspicioso. Durante el gobierno de Néstor Kirchner se intentó negociar con el organismo antes que con el FMI. Sin embargo, desde Europa se frenó la intención, y se supeditó el avance en las negociaciones a un cierre de una Carta de Intención con el Fondo. Luego, Kirchner, ya con el tratado con el FMI en la mano, decidió dejar el pasivo con el Club de París en default en el tiempo. La situación recién se estabilizó en el 2014, con el acuerdo que firmó Axel Kicillof y que Mauricio Macri incumplió en 2019.

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