La mayoría de los economistas y especialistas económicos coincide en que la convertibilidad murió. Aunque advierten que una devaluación puede recalentar los precios y será muy difícil evitar la inflación. Recomiendan que la devaluación no supere 40% para poder contener los precios, ya que algunos advierten que, si en 1989 con una circulación monetaria de u$s 3.000 millones se generó una hiperinflación, ahora que la circulación supera los u$s 9.000 millones, el potencial de aumento de precios es muy superior al de 13 años atrás.
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En cuanto al tratamiento que deberían recibir ahorristas y deudores, no hay consenso aún sobre quién debe afrontar el costo: si los ahorristas, los bancos, los deudores o sólo los deudores más solventes. En cualquier caso, advierten que se requerirá una ayuda monetaria externa. Las siguientes fueron las principales declaraciones: • RICARDO DELGADO (Director Ecolatina)
La convertibilidad funcionó bien como herramienta antihiperinflacionaria, pero terminó siendo un salvavidas de plomo en tér-minos de crecimiento. La convertibilidad terminó. Con respecto a una pesificación, hay un problema de consistencia y hay que hacer bien las cuentas. El Estado recauda en pesos, y las deudas están en dólares. La pesificación de las deudas es una buena medida para los deudores. Algún grado de pesificación tiene que haber en la economía. Estoy de acuerdo en que se pesifiquen más deudas que depósitos con un esquema que permita que los acreedores no paguen todo el costo.
Con una devaluación de hasta 40% y un esquema creíble, se puede contener la inflación. Siempre con la ayuda del FMI. Calculamos que en estas condiciones el rebote puede ser parecido al de Brasil. Con respecto a una emisión de LECOP, no soluciona el problema de fondo, pero si es acotada (entre 2.500 millones y 3.500 millones), se puede sostener. • CARLOS HELLER (Gerente general del Banco Credicoop)
Me parece bien salir de la convertibilidad porque ese sistema es más que el uno a uno, es la apertura de la economía, la desregulación, las privatizaciones como se hicieron, el Estado bobo dejando que el mercado decida todo por sí. Se van a respetar los depósitos en la moneda que se habían constituido. La mitad de las deudas con el sector financiero corresponde a 1.300 empresas con las cuales se podría formar un fideicomiso y garantizar así 97 o 98 por ciento del dinero de los depositantes. Muy pocos deudores, alrededor de 1.300 sobre un total de 5,5 millones que tiene el sistema financiero, deben la mitad de la plata a los bancos, esto es 48%. Ese pequeño conjunto de empresas son las denominadas solventes, es decir, que se trata de un activo público recuperable. Por sus activos, estarían perfectamente en condiciones de respaldar un fideicomiso que garantizara una devolución segura del dinero de los depositantes. Si uno trabajara invirtiendo los segmentos, se podría, con estos 1.300 deudores, garantizar 97 o 98 por ciento del dinero de los depositantes.
• ALDO ABRAM (Director EXANTE)
El objetivo del gobierno debería ser mantener la convertibilidad, y la única forma de sacar el «corralito» es recuperar la credibilidad. Si se devalúa con convertibilidad o el tipo de cambio se determina con una canasta de monedas (dólar, euro y real), todo el mundo va a ir corriendo a las casas de cambio a comprar dólares. Y habrá inflación. Antes de la hiperinflación del '89 el circulante era de u$s 3.000 millones. Ahora es de u$s 9.000 millones, así que el potencial inflacionario es tres veces más. La gente se sentirá estafada, los sectores de menores recursos verán reducir su poder adquisitivo. No hay salida ordenada de la convertibilidad o de una flotación. Cualquier intento de devaluar va a terminar en un «cacerolazo». Para ordenar el festival de bonos provinciales, sería importante una emisión limitada de LECOP. • CAMILO TISCORNIA (Economista)
Con el nivel de gasto público que veníamos trayendo, la convertibilidad ya no era sostenible. O se baja el gasto o se sale de la convertibilidad. Ahora ya se instaló la idea de que hay que devaluar. Pero salís de la convertibilidad y seguís teniendo el mismo problema fiscal. Si no se devuelven los depósitos en la moneda que estaba pactada, sería muchísimo más grave y, además, se generaría un problema social gravísimo. Pero si no se pesifican las deudas, quiebra todo el mundo. La devaluación genera un montón de problemas. Si se pesifican depósitos, matás al que tenía plata en el banco. Si no pesificás, matás al que tenía deudas en dólares. Y si pesificás deudas y no depósitos, el banco pierde. En cualquier caso se necesita una ayuda externa. Con un tipo de cambio a 1,4 seguramente habrá inflación, pero la devaluación siempre termina siendo real porque los precios corren atrás del tipo de cambio.
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