14 de enero 2002 - 00:00

Comercios empiezan a negociar contratos en una semana crítica

Esta semana podría ser decisiva para el comercio minorista: la rotura de la cadena de pagos y la reducción casi terminal del consumo pondría a miles de pequeños comerciantes ante la dramática determinación de bajar la persiana.

«El problema no es sólo para quienes ocupan los locales, sino también para quienes se los alquilan. La cadena de pagos está rota, la gente no entra ni para preguntar precios y los locadores no cobran los alquileres -en algunos casos- desde hace meses»
, decía a este diario un agente inmobiliario especializado en locaciones comerciales.

Voceros de las dos principales operadoras de shopping centers, Alto Palermo Centros Comerciales SA (APSA) y Cencosud (Unicenter, Plaza Oeste, Las Palmas de Pilar, etc.) coincidieron en que deberán renegociar los convenios con sus inquilinos ante la nueva realidad que se vive en el país.

• Caída de ventas

«Las ventas, en lo que va de enero, cayeron 50% en relación con el mismo período del año pasado», admitió la fuente de APSA. La empresa del grupo IRSA -dueña de Alto Palermo, Alto Avellaneda, Patio Bullrich, Paseo Alcorta, BA Design, Abasto, etc.- habría tomado la decisión de comenzar a renegociar contrato por contrato, comerciante por comerciante, en función de la situación de cada uno.

Trascendió que la intención sería celebrar contratos por no más de ocho meses a un año; si la situación se agrava, la empresa no querrá quedar atrapada por un mal contrato, y lo mismo si la situación se revierte. Los contratos nuevos, además, deberán estar expresados en pesos. Esto, sin contar los locales que quedarán vacíos por cierres definitivos o porque la empresa (la española Mango, por caso) abandona el país.

Por su parte desde Cencosud aseguraron que «estamos tratando de apoyar a nuestros inquilinos hasta donde podemos: vivimos juntos la crisis y creemos que avanzaremos en nuevos acuerdos sin problemas adicionales a los que, desde ya, crea el estado de la economía».

Cabe apuntar que los alquileres en shopping centers vienen cayendo desde hace dos años; por entonces, el promedio de lo que se pagaba era 30% superior a la actualidad.

Los negocios, sobre todo de indumentaria, son un muestrario de la crisis: además de exhibir precios bajísimos (se los tome como se los tome), se sabe que difícilmente logren reponer mercadería en el futuro cercano.

«Quienes importan no pueden pagar porque no les permiten girar divisas ni comprarlas; quienes fabrican acá sufren la presión de los fabricantes de tela, que pretenden cobrar en dólares billetes. Hasta marzo los locales tirarán con la ropa que tienen, pero la provisión de la próxima temporada es una incógnita hoy imposible de dilucidar»
, decían en APSA.

En tanto, las empresas que decidieron incrementar sus precios están sufriendo un inesperado revés:
muchos comerciantes, mayoristas y cadenas de supermercados están posponiendo sus compras o concretando el boicot que adelantara este diario la semana pasada en contra de estas subas.

La resistencia más fuerte se estaría concretando contra empresas de cosméticos, fiambres, lácteos y -en general- contra productos cuyos componentes principales no son productos importados.

• Exportación

«Fíjese en este desodorante: dice 'Fabricado en la Argentina y exportado por...'; y después sigue una lista de los importadores en cada país a los que la empresa lo exporta. Esta misma empresa aumentó todos sus precios entre 5% y 15% la semana pasada amparándose en el hecho de que muchos de sus productos e insumos son importados. ¿Por qué no dicen que lo que exportan -ante la caída de los costos internos por la devaluación- ahora les cuesta menos y por lo tanto les deja más ganancia? Con eso podrían haber compensado y no subir los precios en el mercado local», dijo una alta fuente supermercadista.

Cabe apuntar que en el caso de los productos argentinos que se exportan los componentes importados (en caso de contenerlos) están exentos de arancel por estar incluidos en el régimen de importaciones transitorias.

De todos modos, si bien las subas no han sido generalizadas hasta ahora, tanto las grandes cadenas como los comerciantes chicos temen que la situación pueda desbarrancarse en el futuro más o menos cercano. Esto, aun a pesar de las fuertes restricciones que el «corralito» impone al consumo. Hasta la semana pasada, quienes tenían algún dinero inmovilizado en sus cuentas corrientes o cajas de ahorro, podían disponer de los mismos a través de sus tarjetas de débito, y no fueron pocos quienes usaron esos ahorros para gastos corrientes o para la compra de ropa o algún otro bien durable. Esto, desde el jueves a la noche (y hasta tanto se produzca la anunciada modificación de la absurda norma) ya no es posible.

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