3 de enero 2002 - 00:00

Cómo devaluó México en el '94

«La devaluación nos dejó un mensaje: el sector público debe ser pequeño, ágil y equilibrado.Además hay que exportar más y abrir más la economía». La recomendación viene de parte del mexicano Carlos Samano, director de análisis del Bancomer, y observador directo desde su puesto de trabajo de la devaluación del peso mexicano de diciembre del '94. El economista menciona lo traumático que fueron los ocho meses posteriores a la devaluación. Dice que el principal problema que debió enfrentar el sistema financiero fue el gran tamaño de la deuda hipotecaria del público. Como antes de la devaluación el gobierno mexicano no había tomado medidas, hubo protestas populares y se dejaron de pagar las cuotas. Luego se resolvió que el Estado pague parte de los costos de la devaluación en estos créditos y que el resto se pacte entre los bancos y la gente con quitas de capital o extensión de los plazos. Las principales declaraciones de Carlos Samano a este diario fueron las siguientes.

Periodista: ¿Cómo fueron los días después de la devaluación del peso mexicano de diciembre del '94?


Carlos Samano:
El principal problema que existió en México fue que la devaluación fue muy violenta y llegó a 130%. Además se escaparon las tasas de interés llegando a 70 y 80% y la inflación llegó a 60% casi inmediatamente después de la devaluación que luego pudo controlarse al abrirse más la economía. Lo peor fueron los primeros ocho meses.

P.: Cuando México devalúa, ¿estaba en recesión o en crecimiento?


C.S.:
Aún estaba en crecimiento. En el '94 el PBI aumentó 3%, pero un año después decreció 7%.

P.: ¿Qué solución se implementó para los tenedores de deudas que se vieron afectados por la devaluación?


C.S.:
Creo que a diferencia de lo que sucede en la Argentina, en México había muy pocos endeudados en dólares, tanto en las empresas como en el público. El mayor problema era la deuda hipotecaria. Como con la devaluación cayó el poder adquisitivo del salario comenzó a haber problemas de pagos. Al comienzo no hubo ninguna medida que protegiera a estos deudores, pero hubo protestas y movimientos públicos y suspensión de pagos luego que los primeros usuarios perdieran viviendas. Esto llevó al gobierno de Ernesto Zedillo a lanzar un plan de rescate.

P.: ¿De qué constó ese plan?


C.S.:
El gobierno absorbió parte del costo de la devaluación en los créditos hipotecarios; mientras que entre el público y los bancos hubo negociaciones para implementar quitas del capital o extensión de los plazos.

P.: ¿Cayeron bancos luego del tequila?


C.S.:
Sí, pero la crisis de los bancos venía desde antes. Lo que hizo el tequila fue agravar esa crisis. De 18 bancos privados importantes, quedaron 5 y se concentró más la banca. Luego vinieron otros bancos del exterior.

P.: A la distancia, ¿la devaluación resultó una experiencia negativa o corrigió distorsiones?


C.S.:
No fue algo deseado pero fue imposible mantener la relación anterior a la devaluación entre el peso y el dólar. Sí dejó un aprendizaje: el sector público debe ser pequeño, ágil y equilibrado. Hay que exportar más y abrir más la economía.

P.: ¿Recomienda dolarizar la economía luego de una devaluación?


C.S.:
Esa no es la solución. Dolarizar no da resultado para los problemas reales de la economía.

P.: ¿Qué le recomendaría al gobierno de Eduardo Duhalde que está a punto de devaluar?


C.S.:
Buscar apoyo inmediato de la banca internacional, del FMI, del BID y del Banco Mundial, para tratar de amortiguar el costo de la devaluación en la población. Además, hay que asumir que habrá costos, que éstos no los puede pagar la gente y que cuanto antes se tome la decisión menores serán los costos. El tiempo no resuelve la situación, sino que agrava el problema.

Dejá tu comentario

Te puede interesar