15 de mayo 2001 - 00:00

Con el canje de deuda no alcanza

Se anuncia un importante canje de deuda a corto y mediano plazo por otra de vencimientos sustancialmente superiores. Estamos ante una reprogramación acordada del endeudamiento, lo que disipa el riesgo de la insolvencia que no había podido ser superado pese a la asistencia financiera del FMI prometida a fin de año. El camino seguido, si se concreta, reducirá la «necesidad de financiamiento» que año tras año se incrementaba y que es reflejada por el artículo 4° de la Ley de Presupuesto. Demostré, en su momento, cómo esa «necesidad de financiamiento» había aumentado de 11 por ciento del total de gastos nacionales en 1993 a 52 por ciento en 2000 (Ambito Financiero, 6/7/2000), llegando en 2001 a 53 por ciento del gasto público federal.

Vengo advirtiendo desde 1995, en la Cámara de Diputados y en notas periodísticas, sobre el peligro que encerraban los crecientes déficit que se fueron acumulando todos los años, y la correlativa obligación de contraer nuevos endeudamientos, que pasaron de 3.472 millones en 1993 a más de 12.000 millones en 2001. Sugerí, asimismo, reprogramar acordadamente el servicio de la deuda, como medida necesaria para llegar al equilibrio fiscal (Ambito Financiero, notas de 6/7/2000, 22/11/ 2000, 1/12/2000). Machinea creía que la solvencia fiscal se lograría sólo con el crecimiento económico. Erróneo, porque siempre sería insuficiente. Si bien debe reconocérsele el éxito de tramitar la asistencia financiera del FMI. López Murphy pensó en una reducción drástica del gasto, que resultó socialmente inviable y que financieramente no hubiera alcanzado; quería disminuirlo en 2.000 millones, cuando con mucho viento a favor (si se cumplen las arduas metas), el déficit rondará los 6.500 millones. Cavallo -quien aún no ha propuesto un programa global, que hasta el FMI le reclama-decidió negociar la reformulación de la deuda, sobre la base antedicha. La idea de reprogramar las obligaciones inmediatas sobre la base del canje de deuda es diferente a la propuesta que yo habría hecho de negociar con el FMI la imputación parcial de la asistencia financiera de 40.000 millones al pago de parte de los intereses. ( Ambito Financiero, 1/ 12/2000). Hay coincidencia en la necesidad de lograr consenso para reformular el pago de obligaciones, aunque las metodologías sean distintas.

Ahora bien: supongamos que el canje de obligaciones presentes por futuras tenga éxito, y que sus intereses y comisiones no sean gravosos. Habremos salido del riesgo inminente de la cesación de pagos, con todo lo que eso connota. Pero no creamos que después las cosas estarán a partir de un confite, ya que los intereses del endeudamiento total seguirán pesando fuertemente sobre las cuentas públicas, y el equilibrio fiscal continuará siendo muy difícil. Podrá bajarse algo el gasto, el artículo 4° de la Ley de Presupuesto (necesidad de financiamiento) tendrá una dimensión mucho menor, pero el equilibrio entre gastos y recursos seguirá siendo negativo. Salvo que los últimos aumenten en una relación acorde con las demandas de las erogaciones.

Si todavía nos falta recaudar alrededor de 7.000 millones más por año para que no haya déficit, si el gasto tiene poca elasticidad para abajo, si sigue siendo altísima la evasión y la elusión, si el mero crecimiento económico no alcanza, no habrá otro camino que pensar en una reforma impositiva de fondo que apunte a ahuyentar la evasión.

Una reforma impositiva trascendente debe tratar de atar los dos impuestos de mayor evasión (IVA y Ganancias) a fin de «incluir la revisión de los incentivos que empujan a los contribuyentes a cumplir» (Vito Tanzi). Ella debe asociar el interés del contribuyente en el pago de sus obligaciones fiscales en función del beneficio, también fiscal, que eso le produce. Si el precio con IVA que pago me sirve, por ejemplo, para desgravar Ganancias, seguramente estaré más dispuesto a reclamar la factura en cada pago que haga. Otros países (Estados Unidos, España) tienen sistemas en esta dirección. Incluso algunos han pensado en la posibilidad de imputar todo pago de IVA a Ganancias (no deducción parcial sino imputación plena), como medio de limitar la evasión. Desde luego que una reforma cabal no se agota en estas propuestas, al margen que la expansión y desarrollo de los controles son imprescindibles para lograr el objetivo perseguido.

(*) Presidente del bloque de diputados nacionales del Partido Demócrata Progresista.




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