Una tendencia declinante se evidenció en la actividad de la industria de la construcción y el mercado inmobiliario durante el cuarto trimestre de 2001; las perspectivas para ambos rubros en el año que se inició son de una recuperación improbable.
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Así lo afirma el trabajo «Panorama de la construcción y mercado inmobiliario», elaborado por el Departamento de Economía y Finanzas de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
El informe atribuye la declinación a la fallida estabilización de la macroeconomía luego de que -una vez anunciado el denominado megacanje-continuara sin despejarse el riesgo de insolvencia argentino. Se trata de la tercera experiencia de «expectativas frustradas», luego de las de principios de los años 2000 (impuestazo) y 2001 (blindaje), indica el trabajo.
A esto le siguió el cambio de autoridades, la declaración del default, el desaliento a ingreso de capitales privados, el abandono de la convertibilidad y la consiguiente devaluación. El default también se extendió al sector privado, acentuando aún más la recesión. En este sentido, hacerse de liquidez obligó a acelerar ventas vía descuentos en los precios, realimentando el proceso deflacionario, que ya se estaría traduciendo en una robusta señal de caída de la rentabilidad de largo plazo, condicionando futuros desarrollos.
En la construcción, su retroceso arrastró a la cantidad de obreros ocupados en el sector y a industrias como las del cemento y siderúrgica (con cierre de plantas incluido); en el mercado inmobiliario, la caída de las ventas (incluso con significativos descuentos respecto del precio de oferta) indujo a suspender la puesta en marcha de nuevos desarrollos, mientras que fueron parados aquellos que se encontraban en curso, en tanto esta decisión no fuese costosa.
En el caso del mercado de la construcción residencial, su contracción se derivó de la pérdida de una importante franja de la demanda por mayor calidad y prestaciones, que involucró unidades de mayor valor agregado. Así, tanto los precios como cada uno de los componentes de los costos de transacción (comisiones, honorarios y tasas) debieron ser revisados a la hora de concretar las transacciones.
En el mercado de las locaciones comerciales, los dueños de los shopping centers debieron asumir como propias las dificultades soportadas por sus locatarios, lo que afectó negativamente tanto el nivel de las locaciones como su valor y la cobrabilidad de alquileres y expensas.
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