Vendaval llegó a Congreso y forzó reuniones

Economía

La renuncia “a disposición” de ministros y funcionarios cristinistas para que Alberto Fernández active “cambios urgentes” en el Gabinete dejó, además de una fuerte crisis política en el kirchnerismo, un vendaval de críticas, advertencias, reuniones y cruces en el Congreso. Anoche, y luego del cisma inicial, algunos guiños hacia el Presidente de parte de legisladores y apoyos vía provincias buscaron amortiguar el golpe, mientras que el presidente de Diputados, Sergio Massa, iba y volvía de la Cámara baja hacia sus oficinas de Libertador para “mediar” entre las partes.

En la oposición, el PRO repitió el modo casi mudo de la poselección -movimiento estratégico- y delegó las comunicaciones a la Unión Cívica Radical (UCR) y a la referente de la Coalición Cívica, Elisa Carrió. Por caso, “Lilita” dejó claro que “un vicepresidente no puede ser el jefe de la oposición de su propio Presidente”, e insistió en que “el intento de vaciar” a un jefe de Estado “es algo que los franceses llaman ‘coup d’état’, golpe de estado. Además, recordó el antecedente de la renuncia de Carlos “Chacho” Álvarez durante el gobierno de la Alianza.

“Ahora, la coalición opositora deberá sostener la institución desde el parlamento. No se puede sustituir actuaciones. No le corresponde a ningún otro poder del Estado. Fernández podría solicitar el apoyo de los gobiernos afines que quieran ser republicanos. Pienso en “el gobernador de Córdoba, Juan- Schiaretti, por ejemplo”, sostuvo Carrió.

En tanto, la UCR aseguró que la situación de ayer “es reflejo de lo que ya habíamos advertido: el Frente de Todos es una coalición frágil, sin ningún tipo de coincidencias entre ellos, y sólo se unieron para conquistar el poder y conservarlo”. Sobre el final, el radicalismo sugirió que “el partido gobernante debe dejar de lado sus rencillas internas y ponerse a trabajar para solucionar los problemas de la gente, respetando el mandato que tienen que cumplir hasta el 2023”.

Desde que se inició el conflicto por las renuncias, despachos oficialistas y opositores coincidían con la presión desde el cristinismo a Alberto Fernández para modificar urgente el Gabinete y desactivar la amenazante partida de camporistas y ultras. Sin embargo, dichos movimientos tienen su propio límite por los “resortes” que se debe sostener en zonas de vital interés para el futuro de dicha dirigencia.

Por la tarde, dos opciones aparecieron en bandeja. La primera fue una más que arriesgada estrategia para reforzar al debitado Alberto Fernández y relanzar la campaña de cara a noviembre. La segunda, el supuesto contacto con ciertos “radicales” para comenzar a blindar nuevos acuerdos, una opción explorada antes de diciembre de 2019 entre filoperonistas con el PRO, ante un choque inicial desde la gestión con el cristinismo.

Al cierre de esta edición, ningún movimiento se presentaba como definitivo, la crisis continuaba y Massa apostaba al trabajo “armónico” y la “paz en el espacio”. También aparecían legisladores del Frente de Todos que se sumaban a gobernadores e intendentes a favor de Alberto Fernández. El camporismo, fiel a su historia, se corrió tras los dardos a la espera de nuevas órdenes de Cristina de Kirchner.

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