Convencen a Pignanelli para seguir en el BCRA, por ahora
La mención que hizo ante un grupo de académicos Roberto Lavagna sobre el Banco Central como un ejemplo del Estado cautivo de los intereses privados hizo detonar ayer de nuevo las relaciones del ministro con Aldo Pignanelli, presidente de la entidad. Furioso, el economista renunció verbalmente, pero una sobredosis de Atanasof, indicada por el Presidente, de viaje ayer en Brasil, lo hizo retroceder. La orden de Duhalde fue que no quiere renuncia alguna en el área económica hasta que no se firme el acuerdo con el FMI. En una larga sesión de terapia con el jefe de Gabinete, Pignanelli hizo catarsis de sus sentimientos por el maltrato del Presidente, cuando él entiende que está sumando éxitos para un gobierno que lo obliga a quedarse callado ante los ataques públicos del ministro. Anoche, Duhalde logró congelar esta salida, con lo cual conjura una crisis, pero también empata en la puja entre funcionarios. Un clásico de la administración duhaldista. Pignanelli queda herido, pero el mensaje para Lavagna (ayer en Brasil con Duhalde) es claro: no le va a regalar la cabeza de Pignanelli y menos para que el ministro ponga un hombre propio. La permanencia de la actual cúpula del Central seguirá por un tiempo más, deberá confirmarla el presidente Duhalde este fin de semana, cuando regrese de su viaje, aunque no se descarta una sorpresa. El detonante de la pelea fue también un nuevo borrador de la carta de intención que el FMI le envió a Lavagna, quien pidió que directamente se lo ocultaran al BCRA. Fue la gota que rebasó el vaso en los sucesivos capítulos de la pelea Lavagna-Pignanelli. La apertura del «corralito», el descongelamiento parcial del «corralón» y el default con el Banco Mundial fueron apenas algunos de los temas que los enfrentaron en los últimos treinta días. Jorge Levy, actual superintendente del Central e íntimo de Duhalde, sonaba como principal candidato en caso de producirse un reemplazo.
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«A este tipo ya no lo aguanto más. Me vive operando y me tengo que enterar todo por los diarios», le dijo Pignanelli, refiriéndose a Lavagna a un grupo íntimo en su despacho. Fue ayer por la mañana, apenas regresado de su viaje a Brasil.
Lavagna vive desconfiando de Pignanelli desde que Ambito Financiero publicó la carta de intención «base» que se estaba negociando a fines de setiembre. En público y en privado lo acusa de haber sido él quien filtró el texto.
«Es una cosa de locos. Nosotros somos los que tendríamos que firmar el acuerdo y ni siquiera nos quieren mostrar el avance de la negociación», se quejó Pignanelli. Lo escuchaban en su despacho su mano derecha y economista jefe de la entidad, Alejandro Henke; el superintendente de bancos, Jorge Levy, y el vicepresidente segundo de la institución, Ricardo Branda.
La bronca de Pignanelli también se vinculó a la apertura del «corralito». «Se montan sobre nuestro éxito», se quejó esta semana tras las apariciones de Lavagna, atribuyéndose lo acertado de la decisión de liberar las cuentas a la vista. «Lo propusimos nosotros hace más de tres meses y nos acusaron de fomentar la hiperinflación», se quejó amargamente durante toda la semana.
En las últimas tres semanas el conflicto entre ambos funcionarios fue casi diario y por distintas cuestiones. La realidad es que ni los mercados ni el dólar se inmutaron por estas idas y vueltas.
El no pago de la deuda al Banco Mundial fue un motivo de discordia. El lunes anterior a la decisión final (que se tomó el jueves 14 de noviembre), Pignanelli se reunió con Duhalde y le recomendó cumplir. «Pagamos u$s 800 millones, pero el Banco Mundial nos devuelve u$s 600 millones para el plan Jefas y Jefes de Hogar», le explicó. Sin embargo, Duhalde optó por la «solución Lavagna» y a último momento optó por el default con los organismos multilaterales.
La situación del «corralón» fue otra disputa. Tras trascender la intención de Economía de liberar hasta $ 20.000 del corralón para fin de año, surgió la voz del Central. «No estoy de acuerdo con tocar el 'corralón', más allá de los $ 10.000 que ya se liberaron», señaló Pignanelli automáticamente en contra de la postura del ministro.



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