Créditos UVA: el riesgo de la inflación y el fantasma de la 1050
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Es decir que por nuestra historia, tanto quien no paga cuanto quien reclama el pago, se encuentran sujetos a soluciones reñidas con el Derecho y la Economía.
Es claro que asiste razón al adagio de que en la Argentina conviene ser deudor. Es decir: no interesa lo que Ud. firme, tarde o temprano alguien lo "salvará" de cumplir.
Pero esto es justamente, lo que hace que no haya crédito para el público. El Estado se convierte en la "aspiradora" de los excedentes prestables, compitiendo con los particulares y dejando a éstos -empresas incluidas- privados de una herramienta indispensable en toda economía. Y por eso "no arranca" la economía. Porque no hay crédito. Todos dependen de sus propios recursos, y por eso -por tomar un ejemplo- ahora el campo no puede invertir dados los malos resultados de las cosechas, y la industria sólo utiliza el 60% de su capacidad instalada. Falta el crédito, que haría realmente de herramienta "anticíclica".
La inflación prevista por varias estimaciones de economistas éste año será de entre el 15% y el 25%. Una real barbaridad. En éste contexto, suscribir un contrato ajustable por inflación es como lanzarse de un avión sin revisar si el paracaídas funciona. Aunque se establezca un "tope" del treinta por ciento de los ingresos del contratante.
Es que la ecuación es simple: si el deudor no paga, el acreedor se perjudica. El mecanismo perverso de "indexación" vuelve a través de éste viejo mecanismo que ahora se llama UVA. Ahora bien, ¿quién se hará cargo de la mora cuando la gente no pueda pagar? Vieja respuesta: el Estado. ¿Cómo? Simple: comprando los créditos en mora, o directamente los pasivos de los Bancos que hayan prestado y no puedan recuperar. ¿Y cómo recuperará el Estado ése dinero? Nuevamente a través de aumentar la presión fiscal.
No es serio consagrar en éstos tiempos créditos actualizables por inflación, rogando que por mero voluntarismo la inflación no suba. Es preferible bajo todo punto de vista, que quien contrata un crédito sepa efectivamente cuánto pagará a lo largo del tiempo, aunque esto lo desanime; antes de empujarlo a contratar un préstamo que puede llevarlo a la ruina.
Claramente cualquier empresario dedicado a las finanzas, preferirá prestarle a un Estado que no se cansa de tomar fondos de la plaza a tasas altas, que arriesgarse a prestarle a un emprendedor, o a una persona que quiere comprarse una casa o un auto. Es el Estado quien encarece, entorpece e impide finalmente que haya crédito en nuestro mercado interno. Más allá de que el sistema financiero argentino hoy no muestre la debilidad del 2001, es claro que atiborrar a las entidades de bonos del Estado las coloca también en una situación de debilidad sistémica. Porque el Estado también puede declarar su default. Ya ha pasado. En aquella época, no hace tanto, los bonos del estado cayeron a menos del 20% de su valor nominal, y el BCRA salió a ayudar a los Bancos para que "dibujen" sus balances con el fin de no mostrar su verdadero estado falencial.
Así entonces, uno de los peores problemas de nuestro país es la falta de crédito, provocada principalmente por el Estado: ya sea por su responsabilidad en la inflación o por su endeudamiento crónico en la plaza local. Es imprescindible que se tome conciencia de esto para que finalmente se produzca la tan ansiada salida del estancamiento que hace muchos años nos aqueja.
* Especialista en asesoramiento de empresas, abogado, escribano y director general del estudio Saleme Murad & Brussini".




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