S i sólo mirásemos cómo evolucionaron ayer los precios de las acciones, casi podríamos decir que lo que empezó relativamente bien, pero que fue empeorando a medida que pasaban las primeras horas, terminó mejor. El problema con esta apreciación es que, en primer lugar, no cuantifica lo que significa "mejor". Es claro que usar ese término para un cierre donde la estrella entre los grandes índices fue para el NASDAQ ganando 0,27%, mientras las Blue Chips terminaron el día en 10.495,55 puntos luego de ganar 0,24%, es una exageración. Si tenemos en cuenta que hace ya ocho ruedas que el Promedio Industrial apenas si se mueve entre 10.450 y 10.500 puntos, en tanto el NASDAQ viene de una seguidilla de seis mermas para las últimas ocho, podemos en el mejor de los casos definir la jornada de ayer como "un descanso". Un descanso en el que lamentablemente el volumen negociado volvió a reducirse, realizándose operaciones con menos de 1.950 millones en el mercado electrónico y 1.570 millones de papeles en tradicional. Otro elemento que habla de la falta de entusiasmo de los inversores es que la mayor parte de la nueva información que se conoció fue positiva (en un sentido alcista): desde las declaraciones de la gente de la Fed (casi prometiendo que la desocupación está por caer y que no elevarán las tasas) hasta los datos sobre el crecimiento de las ventas en minoristas, pasando por los últimos balances de la temporada. Puede ser que hay temor a los datos del empleo que se difunden hoy, pero es más probable que sea la reunión del G-7 donde habrá un tema excluyente (¡no, no es la Argentina!): la devaluación del dólar. En un año eleccionario, el resultado sólo puede ser un incremento de las presiones y ninguna solución.
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