Una reunión de agenda regional que no ameritaba mayor interés que el lanzamiento del régimen que habilita la posibilidad de operar con pesos y reales en el comercio exterior entre la Argentina y Brasil se convirtió en una especie de minicumbre para analizar las consecuencias de la crisis financiera internacional.
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El próximo viernes, en Buenos Aires, los presidentes de ambos bancos centrales se encontrarán con sus cuadros técnicos en la sede de la entidad local, para lanzar el Sistema de Pagos de Moneda Local (SML), que en teoría debería comenzar el próximo 6 de octubre. El encuentro empezará cerca del mediodía, y habrá una presentación en sociedad sobre el nuevo régimen. En paralelo, se esperan también declaraciones de los jefes de Estado Cristina de Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva.
Pero, además, Martín Redrado y Henrique Meirelles se reservaron a primera hora del viernes una reunión aparte y privada con no más de dos o tres funcionarios de cada país para analizar el impacto de la crisis financiera internacional, que ayer marcó un hito histórico. El pedido de encontrarse y tratar la profundización de los problemas internacionales fue del propio Meirelles, que vio en las últimas semanas cómo la Bolsa de San Pablo y el dólar eran de los mercados más castigados por los inversores de todo el mundo. Meirelles se mostró particularmente preocupado por la situación de Petrobras, cuyas acciones perdieron más de 30% desde que estalló la crisis, cuando en realidad debería ser una época de crecimiento sostenido en la petrolera a partir de sus descubrimientos y proyectos de explotación de crudo en la cuenca marina brasileña.
Redrado y Meirelles quieren analizar en privado cuáles son las posiciones de sus reservas internacionales, qué fue lo que estuvo pasando en las últimas ruedas (especialmente, la de ayer), donde ambos mercados fueron particularmente afectados, y de qué manera poder enfrentar en las próximas jornadas nuevas embestidas internacionales. Además, los dos banqueros centrales se dedicarán a estudiar la situación de ambas monedas y las necesidades fiscales y financieras para 2009. No lo dirán públicamente, pero ambos saben que se necesita convencer a los dos gobiernos de que el próximo año será un período donde los anuncios de aumento del gasto en obras públicas conjuntas deberán limitarse al mínimo posible.
Entre estos proyectos, se incluye el siempre demorado y siempre relanzado Banco del Sud. También el utópico Gasoducto del Sud y ni que hablar del Ferrocarril del Sud que uniría, en la imaginación del bolivariano Hugo Chávez, Caracas con Ushuaia, pasando por Brasil.
Sobre el SML, se sabe que se presentará como un esquema voluntario para reducir los costos para las transacciones entre empresas de ambos países. Hasta ahora, fueron homologados para trabajar con este régimen el Banco Nación, Provincia, Credicoop, Banco do Brasil, Bradesco y el BNP Paribas. Para poder ingresar en el listado, se necesita tener oficinas de comercio exterior en los dos países y ser autorizados por ambos bancos centrales.
El régimen, oficializado por las comunicaciones «A» 4.847 y «A» 4.848 del BCRA, propone que las primeras operaciones se realicen en transacciones de comercio de bienes, servicios y gastos tales como fletes y seguros previamente pactados entre importador y exportador.
La intención política de los dos gobiernos es que el SML esté reglamentado y operativo antes del 15 de diciembre. Ese día, Lula da Silva será anfitrión de la última cumbre del Mercosur del año, y quiere mostrar este régimen como uno de los logros de su gestión al frente de la presidencia pro témpore del bloque. La idea del brasileño es convencer en las próximas semanas al paraguayo Fernando Lugo y al uruguayo Tabaré Vázquez para que acepten sumarse al sistema antes de la cumbre de Salvador de Bahía, sede elegida por el brasileño para ser anfitrión de los jefes de Estado latinoamericanos. La idea es convertir ese evento en una especie de festejo continental sobre lo bien que llevó adelante la región la crisis financiera en comparación con el Primer Mundo.
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