Y bien... aquí estamos otra vez con un cierre mensual donde el Merval «classic» se derrumbó por debajo de los «400» puntos, en un valle que debió remontar consecutivamente a lo largo del ejercicio. El resumen anual evidencia las huellas de los continuos embates, para un ambiente que ve derretirse sus chances y mira -con horror- que en la plaza de los activos sin riesgo, como los plazos fijos, se menciona una escapada de fondos hacia Uruguay: ¿qué puede quedar para una inversión de riesgo puro? Con diciembre por delante, el pronóstico pasa a ser reservado en lo que hace a estimar dónde habrá de aterrizar un índice que arrancó en los «550» en enero del 2000. Y pensar que a muchos les parecía casi regalada esa marca, como que había una subvaluación de nuestra plaza y bastantes enojos por no poder acceder a otros escalones. Hoy, aquello aparece como un paraíso perdido, estando 30% por debajo después de once meses. Cierto es que no a todos les ha ido igual en el reparto, pero así como se puede apuntar que hay quienes dieron en el clavo con las que estuvieron fuera del promedio -a favor- también hay que pensar en que numerosos inversores se llevaron pérdidas bastante más graves que las que indica la cartera ponderada.
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Tal vez lo más preocupante, en tren de buscar chances, resulte ese principio de recaída en las plazas rectoras, porque cuando los demás andan bien: siempre quedan algunas «fichas» que les caen del bolsillo para buscar la renta y emoción fuerte en mercados como el nuestro, donde toda rachita de repunte puede multiplicar ganancias y colocar la pimienta en carteras internacionales. Distinto es si a los grandes les empieza a ir mal, porque entonces suelen hacer al revés y liquidar de países de segundo o tercer orden, para cubrir posiciones en los grandes centros. Ergo, si el suministro local prácticamente no existe y el de afuera se ve cortado por problemas ajenos, hay un cuello de botella preocupante.
Es el escenario al término de noviembre, también se sabe que cuando se habla de Bolsa lo imposible no existe y es el único mercado capaz de generar un tipo de «milagro» cuando menos se lo espera uno. A esa sola carta se pueden apostar las esperanzas que quedan, ya sea por un vuelco de los otros: o por un cambio de contexto local que sea capaz de devolver atractivo a las acciones nativas. De lo contrario, habrá que bancarse un Merval donde comiencen a penetrar los Cedear como integrantes -como se habla de volumen de títulos privados, no tendrían prohibido el ingreso-y la desaparición de jugadores locales. El 2001, porque ya estamos dentro del mismo, promete hechos que tal vez desde el atalaya de diciembre hasta suenen a utopías. Pero, cuántas utopías se han hecho verdad de una veintena de años a esta parte y en nuestro país...