7 de diciembre 2000 - 00:00

Cupones Bursátiles

Las situaciones van evolucionando. Al menos, ya se quitan las caretas y además de funcionarios del Fondo, vienen en persona los verdaderos dueños del pulgar que suben o bajan, según les convenga. Ante una avanzada tal es indudable que aquí temblaron piernas por doquier, primero en el angustiado gobierno y, después, en legisladores que -con la responsabilidad que los caracteriza-aceptaban votar bajo presión lo que les pidieran. Porque la espada sobre la cabeza era muy clara: ser responsables de la falta de blindaje, ser también responsables del no pago de los sueldos de diciembre. Faltaba nada más que el cotillón, pero se asumía tal comedia inédita como si fuera muy normal. Así como también ya se asume como norma que vengan de afuera directamente a dar órdenes sobre qué se debe legislar, cómo debe ser, y con algunos avances que resultan casi absurdos. Esto lo entenderá el lector si ha leído que han obrado sobre entidades privadas, como los Fondos Pensión: para que se comprometan a no desprenderse de bonos estatales hasta determinado tiempo, que se comprometan a renovar los mismos, etc., etc. Las administradoras, aceptando esto, están perdiendo hasta el mínimo de responsabilidad no ante sus grupos de control (si fueran empresarios) sino ante el común de los ciudadanos argentinos que deben depositar en ellos el aporte social.

Si algunas tibias quejas se han oído ante la suba de las tarifas de transporte, pues ninguna frente a esto: que resulta muchísimo más grave que lo otro. Porque le hacen tomar de prepo papeles oficiales, como si algún representante del Fondo, del Tesoro norteamericano o del Gabinete nacional se apersonara en la casa de cada uno con la misión de obligarlo a llevar tales títulos a su cartera, tomándole a cambio su dinero en cuotas mensuales ...hasta que usted se jubile. Esto resultaba el escenario de inicios de semana, para tan triste final de año, donde quedaba flotando el interrogante sobre si el no pago de sueldos era una amenaza exagerada, extorsiva, para el Congreso y sus votantes. O si, en verdad, de no aparecer el crédito el país estaba en llamas junto con el Año Nuevo.

Curiosamente, el mercado local partió en alza entusiasta el martes y se podían oír reflexiones del ambiente típicas de estos casos, como: «Esto tiene que repuntar, porque viene atrasando y porque se tiene que entender que hay que sancionar leyes necesarias para que todo se encamine...» Y así. Primero quince mil, después veinte, al final treinta mil millones... de hipoteca sobre el futuro. Suplencia para activos que ya no existen para venderse y que pagaron otra fiesta. ¿Se puede ver como bueno, como necesario, como factor de solución esos miles que presten a cambio de todo? Puede que sí, hay predisposición a hacer lecturas buenas y «borrar las pálidas, che». Claro... y que se embromen los que vienen atrás.

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