21 de diciembre 2000 - 00:00

Cupones Bursátiles

La Bolsa tiene que subir... La Bolsa debe ahora subir. Ha llegado el momento donde las acciones suban. Y cosas así... esto que está volcado a nuestro tipo de ambiente, el bursátil, resulta de querer reproducir todo aquello que gobernantes y funcionarios están dispersando con total liviandad. Hacer del crecimiento un acto voluntario, con un tiempo de partida bien nítido y con un ritmo de marcha armonioso y creciente. De ahí que también se fijen marcas a alcanzar, como 5% para el año entrante -en boca de ministro y de funcionarios adyacentes, como de cierta corriente de adherentes-, que será la meta designada y para alcanzar.

Entonces, nos imaginamos a uno, a varios, hombres inversores -a algún directivo del sistema- repitiendo en los umbrales del edificio las frases arriba mencionadas, acerca de dar una especie de orden al mercado de cotizaciones. Sabemos, quienes estamos en esto, que así no funciona una Bolsa. Un niño de no mucha edad también lo sabría, pero hay gente adulta y con poder que, si lo sabe, prefiere ignorarlo y suplantarlo por esa especie de designio divino ordenando a sus seguidores hacer algo, y hacerlo ya, con toda vocación. Muchachos crezcan, muchachos inviertan, muchachos del exterior traigan sus capitales, muchachos empresarios tomen personal y produzcan mucho más. Finalmente, muchachos consuman más... En Bolsa sabemos que el ciclo de vida está determinado por frases que no se anteponen, sino que se van encadenando como una consecuencia lógica. Primero, «acumulación» de posiciones. Después recién, el «crecimiento» de valores y negocios. Posteriormente, la llegada de una «madurez» en esos indicadores. Para terminar en una «dispersión», o etapa de distribución, donde todo se desarma y quedan los premios y castigos. Para volver a reanudar todo desde la acumulación hasta la dispersión.

Ordenar crecimiento, sin acumulación, es como querer hacer el encofrado de un edificio sin haber echado los pilotes de los cimientos. Es pensar en la terraza sin establecer la planta baja. En fin, es querer forzar y falsear las etapas urgidos por los tiempos. Y es el principal error en la inversión: querer ajustar las fases a las necesidades. Este tipo de error es el que nos parece que se está cometiendo desde muy arriba, pretendiendo que el anuncio de ese tan remanido blindajesalvataje puede ser disparador de un ejército de empresarios y de inversores saliendo por las avenidas para que mañana arranque la actividad con todo, y se pueda decir: tal día de tal mes empezó el crecimiento argentino. Con esas falsas arengas se consigue todavía mayor desconcierto, porque lo que se está esperando es un estudio más profundo de las trabas que impiden ponerse en marcha. Y no se ve eso. Por las dudas, tal vez es fórmula de la nueva economía, vamos a darle la orden, lector: ¡Compre acciones!

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