23 de mayo 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Para empalmar con lo de ayer, sobre los gastos políticos, esto suele también verse en la Bolsa respecto de los precios que tienen las acciones, en función de sus reales valores. Y es muy contundente el poder afirmar que hay papeles que en unos pocos centavos son caros, como que otro de varios pesos puede resultar bien barato. Y es muy frecuente que el de mayor precio siga su recorrido alcista, mientras el de unos pocos centavos se siga deprimiendo. Es lo que decíamos de los políticos, a quienes se les pretende colocar un precio, pero sin considerar sus valores. Así es como suelen fallar las carteras de acciones mal planteadas, como las nóminas de funcionarios mal evaluados. El precio debe ser una consecuencia inevitable de un valor potencial -acertar con lo justo es una medida imposible-y no pretenderlo al revés.

Tal como veíamos que en la escuela yanqui, como se menciona que los analistas castigaron a tal o cual papel, se asumió esa perversa costumbre de colocar los precios en función de las pretensiones de los inversores, en lugar de hacerlo en virtud de las reales posibilidades de las empresas. Y vienen después los desacoples desastrosos, tipo NASDAQ, donde la historia parece reírse de los ultramodernos y toda su tecnología. Porque si se observa bien el proceso de ese mercado en estos años, poca diferencia se puede hallar con aquellos bulbos de tulipanes que forjaron el gran show de hace cuatro siglos en Amsterdam. En todo caso, esto parecía un intercambio de bulbos tecnológicos, donde el que compraba a dos lo vendía a cuatro, para que el siguiente lo vendiera a ocho y habiendo perdido de vista absolutamente a qué tasa de crecimiento debía responder el papel para justificar los aumentos: algo imposible de cumplir por alguna empresa humana.

Hoy por hoy, se puede insistir en que nuestro mercado está bajo -teoría a la que no adherimos-o que hay varios papeles que están injustamente oprimidos. Hay que tomar cada caso uno por uno, no solamente ver la línea final, sino la calidad de los números, las perspectivas reales del rubro, y de qué modo se acoplará a la tendencia general. El nuestro, por lo reducido, es cada vez más un mercado más activo por imitación que por selección.Y esto es un grave impedimento para apartar lo bueno de lo malo, salvo mirando a un largo plazo y donde la verdad debería triunfar. Para partir de algo justo, deberíamos saber cuál es la mejor acción, más barata, que sea unidad de medida para evaluar al resto.Y no es tan sencillo saberlo; haga la prueba...

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