15 de septiembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Volvamos hacia adentro, a lo nuestro. No queda otra y ya es bastante como para sentir y preocuparse. Siempre queda resto, en las almas sensibles, para poder incorporarse al dolor de los demás y aunque el propio sea intenso. Pero, bien se dijo hace mucho tiempo, que por más que uno quiera ponerse en lugar del sufriente sentiremos más nuestro dolor de muelas que todo el martirio de Juana de Arco...

Estados Unidos conmocionó al mundo. Nos conmocionó a todos. No era para menos, fue la reina de las catástrofes que los humanos hayamos visto. Porque si bien en la naturaleza se pueden encontrar desastres de dimensiones y costos muy superiores, la diferencia es que esto lo provocaron otros seres humanos, no las fuerzas desbocadas naturales. Y eso la convierte en la más pavorosa de las catástrofes, la realidad imitando y superando a las mejores películas de ciencia ficción.

...Y hablando de ciencia ficción, mientras ya nuestro mercado retorna a la actividad y se decidió -con muy buen criterio- dejar de asociarnos a un duelo bloqueando el andar natural de un mercado. Nuestra película de ciencia ficción superada, lleva el título de «bonos». Con la voracidad esperable, porque lo del déficit cero no se lo cree nadie, los gobernadores unidos -ya podrían formar un sindicato- decidieron ir imitando a la provincia de Buenos Aires. Se habían contado ya ocho nombres para emitir los similes patacones y se conocía la lógica, y previsible, preocupación de parte del Fondo Monetario, porque esas emisiones son ensayos de emisión de moneda, encubierta. No demasiado encubierta, diríamos, a la sota se le ven las botas por detrás del cortinado de humo que se lanzó. Frente a esa preocupación, que puede ser la de cualquiera con algún sentido común, desde Economía difunden tranquilizantes de una forma aterradora: sostienen que esto no vulnera la convertibilidad, que estos bonos tienen cada uno su contrapartida en dólares, que no hay que tener cuidado por ellos...


En una palabra, le dicen estúpidos a los del Fondo Monetario -que muchas veces se hacen, pero no lo son- por esa preocupación. Y argumentan que esto es como si fuera moneda buena; en ese caso, por qué no le imprimen billetes, ya que tienen su respaldo. Vamos, muchachos, no prosigan viviendo en la nube de que la gente se traga cualquier cosa. Eso era antes de que le arrancaran la inocencia los malos gobiernos, a golpes de Estado contra la población. Hoy ya no quedan crédulos en nuestro país, cualquiera sabe que un peso es mejor que un bono, un patacón, uno federal que juegue de moneda. Las emisiones vencen en el año 2005 y, una vez allí, ¿qué harán?: ¿se hacen cargo los que hoy emiten tan alegremente? No, así como la deuda, los repactos, y todas las yerbas, el «muerto» le queda para el próximo presidente y ministros. Son malos...


Dejá tu comentario

Te puede interesar