Hablamos de los «clásicos», bien nos podrá decir más de un lector, e inversor, quejoso y fastidiado de la Bolsa: «¡qué me viene con los clásicos, si esto va siempre para un sólo lado: el de abajo!». ¡Cómo discutirle a una persona que nos salga con tal disquisición práctica?, le damos la razón. Pero, no le pedimos perdón por haber aconsejado seguir a los «clásicos». Porque, salvo que se pertenezca a esa extraña, como increíble, raza de los intuitivos sensacionales, lo mejor es recurrir a la ortodoxia, a las fuentes, a la senda que nos han dejado abierta los que hicieron carrera con la inversión bursátil. Desaprovechar la experiencia de nuestros mayores, de los que fueron sabios en sus profesiones -que de los chantas-obviables, también hay muchos-es una mala costumbre de la actualidad, no solamente en nuestro medio, pero entre nosotros se verifica en todos los ambientes. Y los modernos se largan a improvisar, aplicando audacia desmedida, pretendiendo dar vuelta los viejos preceptos básicos, tirando a un costado el libro con las máximas de oro, desechando verdades que han durado a lo largo de los siglos.
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Y de modo permanente, si uno escarba en las desprolijidades del mercado y busca alguna punta para poder encontrar el rumbo en la tormenta: si lo encuentra, es porque aplicó alguna norma que ya está escrita en letras de oro en la historia de las Bolsas, no de la nuestra, del mundo. Y lo bueno de las raíces permanentes es que no hacen diferencia por volumen, o importancia de mercado, sino que se aplica a cualquier recinto donde se establezca oferta pública. Sabemos que no es sencillo mantener la calma, aplicar los principios, seguir creyendo en ellos aunque -por momentos-hasta ellos parecen fallar (tal el desbarajuste de capitales y ánimos, que hoy gobierna en las plazas de riesgo). Pero, no queda otra que asirse a ese palo mayor y desoír -como Ulises-los cantos de sirenas, de quienes desean hacer creer que porque hay tecnología distinta: hay un mercado moderno y uno viejo. Que lo de hoy tiene reglas recién estrenadas y que, lo que se aprendió antes, no sirve. Es el negocio para poder vender logística hueca, sacar patentes de «gurúes» de una nueva religión de inversión, que los considera como los «adelantados». Haga un re-paso de todos los incendios que se han venido sucediendo en mercados y economías, en los últimos cinco años, el declinar de los principales y rectores, que hoy no saben hacia dónde tomar, y verá dónde nos han llevado los mentores de la «nueva economía», del «nuevo mercado», de «la nueva técnica para invertir» (y otras estupideces). Después de eso, después del repaso, seguro que volverá a los «clásicos»...
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