5 de diciembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Justo se cerraba el mes, el mercado bursátil jugaba a las escondidas como el gabinete nacional, concretando un cierre de período positivo y tan difícil de creerlo: como las desmentidas de Cavallo y Baylac...

El «nada sucede», cultura que trata de difundir el Ejecutivo, aunque en torno de su escenario las casas se derrumben, había sido la constante de un día donde los cajeros automáticos recibían feroz paliza y tiraban la toalla bien temprano. No había una moneda en ningún rincón de la «City», los habituales descuentos de cheques quedaban suspendidos: porque no había tasa alguna de referencia. Las largas colas en las ventanillas, sacando pesos para pasar a dólar, rememoraban lejanas épocas financieras. Pero, el mensaje del «nada sucede» seguía poblando los medios, pretendiendo que los pobladores argentinos -al margen de estar anestesiados para muchas cuestiones- además de maltratados, son estúpidos. Ninguna verdad, toda mentira, cambios de palabras por cuestiones «marketineras» para aplicar la misma medicina conocida, pero con otro nombre de droga. De esa forma, se puede salir a decir con total descaro: «son infundadas las versiones, acerca de que les inyectaremos penicilina...». Cierto, lo que iban a inyectar era «terramicina», de la familia, pariente directo, pero jugando a que de este modo se dice la verdad. Malos y torpes, es una doble condición que hace mucho no se veía.

Nos estábamos preguntando, a medida que se hacía el primer «cupón» con el relato de la jornada del viernes, de qué modo se podría llegar a operar en la Bolsa. Si es que se abrían los negocios. Claro, si es que los bancos también abrían, en una apuesta bastante fuerte.


¿Saldrían otra vez indemnes de ésta?... Era la gran pregunta. Al tiempo que nuestra moneda daba lástima contra cualquiera, como derrapando 20% contra el peso uruguayo. Once meses de actividad y la nómina Merval que dejó por el camino la mitad, de su valor ponderado de 2000. No está mal... Aunque parezca chiste y al que aguantó la cartera hasta le dé sumo fastidio. Pero, no está mal si se coteja contra todo lo que sucedió en estos once meses.Y ya no solamente aquí, sino en los principales sitios del mundo. Tener una soberana crisis, en medio de un escenario depresivo y recesivo de todos los países, es tener demasiado de mala suerte. Porque bien se podría andar mal, con los demás caminando muy bien, y esto facilitaría algunas cuestiones. Pero, estar como estamos y con el resto preocupado por lo de ellos, resulta una fórmula para explotar... como explotamos.


¿A qué seguir fingiendo, riendo como el payaso Garrick, que lloraba en el camarín? A qué salir a mentir, o los cierres a dibujarse en los mercados. Ya no hay nadie a quién timar, ni engañar. Hasta los giles se han hecho contra, como pregonaba el tango, y es que les hicieron tantas... que los avivaron.

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