15 de diciembre 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Estar eludiendo el riesgo de terminar el año debajo de la línea Merval de los «200» puntos, merece todo el esfuerzo que se realice. No parece ser mucho como meta, como objetivo digno de una Bolsa que se respete, pero dado el contexto donde se desarrolla: casi debe sonar a hazaña, que esto pueda coronarse. Y no piense el lector, que no ha seguido muy de cerca al mercado, que resultaba algo bien previsible. Todo lo contrario, lo más probable era empezar a navegar debajo de esa línea de «200» puntos -que, por cierto, se testeó un par de veces con sumo apego-y deberá registrarse la historia -estos cupones formarán parte de ella-el siguiente dato, inédito en su siglo y medio de vida: haber logrado fuertes repuntes, como 25% en una semana, y levar ancla desde la profundidad para trepar a zona de los «240» puntos, merced a que la Bolsa y sus títulos privados: se usaron de casilla de peaje, para liberar dinero bloqueado por las medidas económicas sobre depósitos.

El primer modo de interpretar el movimiento, apuntaba -en ciertos medios-que era porque los inversores veían en las acciones un buen refugio, ante la posibilidad de una dolarización. Hecho que, por supuesto, nunca podría ser superior a tener un dólar billete: esto es, con ese motivo, es mejor poseer un dólar que una acción.
 
Si el asunto se lo tomaba cambiando al sujeto temible, por el de la devaluación, entonces la cuestión cambiaba de tono: pero, no sería la primera vez en que los operadores corrieran a papeles de empresas como bien sustituto para asegurarse liquidez, así como en un activo capaz de mantener su valor ante una devaluación. Se lo había aprendido desde 1975, no antes (y esto puede servir a algunos jóvenes que no estuvieron en aquella época y no leyeron al respecto). Recién cuando se comprendió que los grupos de control que compraban sus propios títulos (por quedar muy infravaluados, en dólares) de los cuales huía la gente común, tenían razón en hacerlo: porque los activos de las empresas quedaban totalmente licuados ante las devaluaciones. Después, las personas comunes utilizaron de refugio a la acción...

Pero, lo de ahora no se había visto nunca jamás: usar los papeles empresarios como puente de salida del dinero bloqueado, triangulando con Nueva York, pagando regio peaje, y dando la gran sorpresa del fin de año. El enorme absurdo de un país en boca de todo el mundo, por sus desastres y peligros crecientes de toda índole, pero con una Bolsa que resultaba estrella con sus fantásticos aumentos de quince, veinte por ciento, en muchas líderes y como si tal cosa. Disparates solamente concebibles en la atmósfera de ciencia ficción en que llegamos a fin de ejercicio, pero salvando por tales vías esa debacle del piso.
Fascinante.

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