3 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Con 46% del mes, y una baja de 29% en el año, los indicadores Merval arrojaron la tremenda contracara del último mes, mejorando de manera formidable en medio de los cacerolazos y las caídas de gobiernos, para recortar notablemente el negativo anual. Y las carteras institucionales sumamente agradecidas, para poder mostrar un saldo tan benigno de un escenario tan hostil a cualquier activo de inversión y más todavía con los de riesgo puro, como las acciones. Lo más atinado parece surcar por un índice más desagiado, como cuando la plaza perdía algo más de 50% y los mervales navegaban debajo de los «200» puntos cómodos. Es más, la zona de arranque del indicador, después del plan BONEX y de los desastres dejados por la híper, se situaba por debajo de los «100» puntos. Solamente anotando que todos los activos públicos eran del país, incluido el petróleo, cabe afirmar que aquella situación argentina resultaba -a pesar de la inflación- intrínsecamente mucho mejor que la extrema debilidad actual. Sin embargo, los mervales terminaron en los casi «300» puntos, dos veces más que aquel arranque del ciclo de la década anterior. Imposible de sostener tales marcas, pero por obra de «milagros» de diciembre y una convertibilidad que se perdía en el mercado local y se conseguía vendiendo títulos, para cobrarlos en dólares...

Hay absurdos tales como ver una suba de 44% en Telecom de diciembre, pero cayendo más de 40% en el año. Una
Pérez Companc quedando positiva de 12% para 2001, pero a consecuencia de la suba de 76% del último mes. Y lo mismo para Siderca, que ganó 18% en el año, merced a una mejora de 86% en solamente treinta últimos días. No es posible mirar hacia otro lado, pretendiendo que esos resultados fueron normalmente logrados, o por argumentos que superen la prosecución de tales bases de precios. Lo más urgente es esperar a que se decante el proceder de diciembre, despojado el ambiente de otras necesidades y utilidad de instrumento de la liquidez, que se les adosó a las acciones en esa zona del año. Imperioso poder fijar cotizaciones naturales, para poder recuperar tanto el principio de los «precios relativos», como un índice general que nos sitúe en la verdad accesible para nuestras empresas allí representadas. Mucho mejor como activo los destruidos títulos públicos soberanos, los papeles privados arrancan 2002 con cotización, con posibilidad de transarse, de hacer mercado. En un país que -dicho por el Presidente- «está quebrado, fundido...». Todo muy revuelto, las aguas -todavía- bajan turbias.

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