4 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Víctima de la más fantástica patraña de la historia, en cuanto a la solidez de nuestra economía y de nuestro sistema financiero, el país debe ayunarse velozmente a las nuevas expresiones que retumbaron en el Congreso Nacional: «Estamos en quiebra, estamos fundidos...». Para hoy se esperaban las primeras respuestas del cuestionario, a dispersar por el nuevo gobierno y cruzando los dedos ante cada una de las medidas anunciadas. Para colmo, debiendo constituirse en gran árbitro de situaciones que parecen pasibles de ser resueltas en masa, pero que en la práctica después se convierten en miles de juicios de acreedores, de deudores, de los dos juntos. Del exterior, del interior, público y privado. De qué modo quedarán, por ejemplo, los bancos que ya vieron sus créditos envueltos en esta maraña incobrable. Plenos de títulos públicos que se veían compelidos a tomar, ante las presiones de distintos funcionarios. Y también con esa carga extra de tener que cobrar en pesos, préstamos dados en dólares. Nadie tiene la seguridad sobre la profundidad del pozo en que la Argentina ha caído. Se podrán hacer estimaciones, algunos sondeos en ciertos sectores que cuenten con datos al día y fidedignos, pero con la mar de estimaciones y presunciones: que es el modo de saber las cosas en nuestro medio.
 
Desde las épocas de la economía con «piloto automático», hecho lamentable del que se regodeaban economistas en funciones públicas y otros que aplaudían desde el llano, momentos donde dábamos el ejemplo de la Fed y ese comité de crisis que habían armado para una Wall Street que todavía estaba bien, pero a la que se presumía sobrevaluada, desde tales épocas que el virus de la destrucción total había comenzado a actuar.

Aquí, los soberbios argentinos no constituyeron ningún comité ni aun cuando había empezado la crisis y se hablaba -1997- nada más que de un tramo de economía detenida por factores ajenos a nosotros: que seguimos siendo tan sólidos y confiables como siempre, claro...


Este arranque de 2002 ya es un caos, no una posibilidad de que lo sea, porque existen todas las hipótesis, todos los análisis, una gama de soluciones que varía según el supuesto entendido. Y el mercado bursátil que siguió reflejando el mismo mecanismo de todo diciembre, en espera de una nueva referencia con el dólar. Pero, en un revoltijo que incluye subas insólitas de papeles que inevitablemente verán su destino complicado por hallarse esas firmas en el lado desfavorable de la mesa devaluatoria. Nada parece responder a los estímulos naturales, ni obedecer a los controles tradicionales, desde la gente a los activos. Desde las acciones a la moneda, todo ha seguido hirviendo y la llama no se calma.

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