Va llegando la hora de la verdad, para que se acomoden los distintos activos dentro de un esquema que ya no tiene las muletas de una pseudoconvertibilidad, que se cayó haciendo muchísimo ruido (tanto, como la altura de «tótem» en nuestra economía, que se le dejó alcanzar). Habrá que desenvolver viejos textos, que hablaban de una valuación de números nominales (que será desde ahora, el peso) y otra que medirá en función del dólar. Para abrir el juego, todos los indicadores principales de las sociedades cotizantes deberán ser divididos por el precio al que se ha fijado la moneda extranjera. Y, de paso, convendrá una tercera columna, que contenga la medición por el que volverá a cotizar como «libre», «paralelo», «negro», «marginal», «verde», «lechuga», o algunos de los seudónimos con que acostumbraba mencionar la cadena de «arbolitos», «mesas de dinero», improvisados y profesionales, a la transacción de la divisa. Curiosamente, el renacer de un mercado que estuvo extinguido durante una década viene a resultar la primera fuente de actividad (para no llamarlo, injustamente, trabajo) que se reincorpora a nuestro diezmado escenario económico. Habrá muchísima gente a lo largo del país que estará abriendo su propio boliche de venta de dólares. Y no son pocos, no se lo subestime porque es difícil que exista fábrica alguna, a rehabilitarse en la Argentina, capaz de dar tanta actividad de inmediato. Esto es ya, para mañana, a partir del nuevo nivel del dólar, la obstrucción para hacerse oficial, más las ansiedades que fijarán un valor real a lo que es una inscripción oficial, voluntaria. Ni Duhalde con sus superpoderes, ni ninguna voluntad por sí misma podrán fijar cuánto vale un activo pasible de transarse con oferta y demanda pública (aunque no libre).
Los paquetes accionarios se verán devaluados también, en dólares, pero la situación es mucho menos clara que cuando sucediera en otras épocas y donde resalta lo de 1975/76. Hoy, hay que mirar muy bien la solidez que posean estas acciones, sus endeudamientos en moneda extranjera y que no pueden ser licuados, el renglón al que pertenecen y las posibilidades de trabajar más -o menos-con los cambios. Los mismos grupos de control se compraban todo lo que podían en 1974/75, cuando las acciones en dólares mostraban precios ridículos, para activos que valían mucho más y que no trabajaban porque no querían (épocas de desabastecimientos, por precios máximos). Hoy, habrá que analizar muy, pero muy bien, quiénes están sobre o infravaluados (no importa, no interesa en absoluto si cotizan en muchos pesos por acción, o en moneditas). Ojo, porque puede haber interesados grandes, en descargarles a los incautos paquetes que ciertas carteras mal formadas, y muy heridas, quieren sacarse de encima. Ya se vieron avances del famoso cuento del «atraso»: y arreciará.
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