11 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Es extraño el modo en que se dice que irán a arreglar para obtener préstamos frescos, cuando en todo el mundo no se leen más que críticas al plan argentino. Comenzando por nuestros vecinos dilectos, Brasil, cuya prensa despellejó al nuevo gobierno y sus medidas. Ni qué hablar de los españoles, sumamente ofendidos y muy preocupados, porque el haber ido de punta con las privatizadas les hizo tambalear toda la Bolsa a los atribulados inversores en nuestro medio.

Las primeras serias vacilaciones, con el levantar el feriado bancario, resultan el primer punto en contra para un gabinete y equipo económico que evidencia el alto grado de improvisación, que está latente en las medidas. Tiempos donde no se puede equivocar, ni desviarse un centímetro del blanco, se gastaron en pocas horas (y esa metida de pata) el pequeño crédito acumulado en la población. Todos mirando de reojo, todos midiendo a nuevos funcionarios poco conocidos por el ciudadano en general, de pronto aparece un viceministro de Economía -Jorge Todesca- y explica que el problema en que están los bancos es por haber tenido que responder con 20% de la liquidez fija, que le indican los encajes, a los retiros: y que esto no alcanzó para detener la «corrida». Pero, de inmediato agrega que el dinero no está porque los bancos tomaron depósitos en corto plazo y lo prestaron en largo. Cuando los depositantes vinieron por lo suyo, los beneficiarios de los créditos no tenían obligación de reintegrarlos todavía: en una sola palabra, vulneraron la primera de las reglas de oro de un banquero y que es «prestar en corto y tomar en largo». Lo que seguramente abrevia la utilidad, pero otorga la seguridad necesaria para que el sistema no trepide si aparece una «corrida» sobre el mismo.

El funcionario lo expuso como si esto fuera algo normal, correcto, tradicional. Y, en verdad, estaba revelando el peor de los secretos por medio del cual los bancos están atravesando -y haciendo atravesar- este calvario, sin respuesta apropiada a los requerimientos. Esto nos hace acordar cuando un ex funcionario de la CNV nos hablaba muy entusiasmado del sistema bancario mexicano (antes del «tequila»). Quería para nosotros ese mismo modelo, hoy habría que decirle: que se pudo dar el gusto. Se percibe en el ambiente de estos días, un aroma distinto al de los primeros momentos. Las cifras con perfil de mendrugos que se daban a conocer como para devolver los plazos fijos, en julio los de u$s 5.000 y en cuotas, resultaba un segundo mensajero de malos humores: acaso para eso, mejor mantener la expectativa, que ensayar algo que más parecía una burla. O bien, haber remarcado en cada funcionario que saliera al aire el concepto del país en quiebra. Y la pérdida de «status», que nos abarcará a casi todos los que permanecemos dentro del sistema.

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