Aquel que se haya dado unas vueltas por la cocina de las finanzas, la zona céntrica de Buenos Aires, puede haber llegado a un diagnóstico como el que nosotros creemos advertir: que la situación está más comprometida, con más presiones contenidas, que antes de fin de año. Esto es, no se aliviaron las situaciones, los anuncios no han generado más que muecas de contrariedad y hacia afuera se han formado la imagen de un gobierno de perfil «proteccionista», que encerrará al mercado y lo restará de la globalización activa. El poderoso accionar de los empresarios europeos, que llevan de aliados a los políticos de cada escudería que haya sido involucrada, armaron otro «corralito»: el que nos deja encerrados en el medio, con esos europeos tratando de petardear cualquier tipo de ayuda que algún organismo quiera dispensar, (en el caso de que algún organismo así, existiera...) Pilas y pilas de cheques sin calzarse, miedo hondo a dejar liquidez disponible, fechas de liberación de la veda bancaria que se fue corriendo de manera sistemática y generando el primer fallo, de un equipo al que se lo mira con desconfianza y que no puede darse ningún lujo de ese tipo. La presentación del miércoles a la noche, del ministro de Economía, dando el cronograma de devolución del dinero confiscado, debe haber creado ese desasosiego de condiciones ridículas (como ofrecer 7% de interés, en pesos de un país en quiebra y 2% en dólares). Pero, además, sin saberse cómo se podrá poner en marcha la pesada rueda económica si se bloquean los fondos, de los que todavía podían mover algo en este sistema sin lubricación alguna...
Se han llegado al paroxismo financiero, de tener serias dificultades ante la voluntad de abonar una obligación, porque del otro lado del mostrador (este periodista fue protagonista de una anécdota de éstas) lo inducen a no realizar cancelación con cheques, porque «no se sabe cuándo se acreditará.Y, además, hasta puede salir rechazado». Al pasar por varias instancias, quedando solamente la del efectivo -un bien sumamente escaso-la misma empleada del banco se mostrará hasta satisfecha, si uno sugiere no pagar y esperar que todo se solucione. Y así, sin entender nada y soportando el calor agobiante, al frustrado pagador le queda la convicción de haber perdido el tiempo, y de estar asistiendo a un velatorio de lo que otrora llegara a ser dinámica economía. Las dudas y parsimonia con que se están moviendo los funcionarios, dejan ver entre líneas que existen diversas teorías sobre los pasos a dar, y esto es -quizá- lo peor que nos pueda pasar.
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