No estamos adentrados en lo bursátil, solamente nos amparamos en que la Bolsa es la única inversión a la que se puede llamar «ilustrada»: donde hay que estar al tanto de casi todo en lo político, económico, financiero, social... Toda actividad humana le es afín a la Bolsa, pudiéndose decir apropiadamente -junto con el filósofo antiguo-«nada de lo humano me es ajeno». Y es así que el lector habrá advertido, muchas veces, que nos vamos del casillero bursátil exclusivo, pero más por imperio de cómo ha variado el escenario en estos años, que porque no sigamos con la vocación original. Que firmes aquí estamos, desde hace un cuarto de siglo (che, nos estamos poniendo viejos...) y casi, casi, con la misma edad de Ambito Financiero, que nos lleva apenas unos meses de ventaja. Eramos de las inferiores de la Bolsa (algo que solemos recordarle a algunos directivos que nos tildan de contreras, o demasiado críticos), aprendimos del tema de la mano de los mismos veteranos de «la baranda» del viejo recinto, así como de la sabiduría de agentes de Bolsa artesanales -especialmente, Walter Gysin-y había material tan abundante que no alcanzaban las columnas, y hasta páginas especiales, para cubrir con el tema de la Bolsa y sus acciones. Y eso que estábamos entre cuatro paredes, que lo de afuera no importaba casi nada y que los volúmenes eran bajos, porque todavía no estaba la informática en el recinto y todo se movía a pura tiza, meta y ponga... Momentos donde se hablaba de «hicieron tiza», cuando algunos papeles subían sin mucha consistencia. Pero, aunque parezca que no, era más difícil armar alguna picardía que en la época actual. Simplemente, porque eran pocos y se conocían mucho. Y se manejaban ciertos principios éticos, en tanto se producía la renovación del plantel de agentes y nadie quería pasar a los mayores por arriba... La globalización trajo, nos parece, como una de las secuelas más indeseadas para nuestro medio: la despersonalización del ambiente bursátil. Una atomización en todas direcciones, que hace que la Bolsa sea muy poco de los locales y mucho de ... nadie. La carencia de motivaciones para fijar tendencias propias, la deserción masiva de empresas que eran símbolo del recinto, no solamente por su grandeza, sino también por su prestigio empresario, o su gran vida bursátil. Esto cortó el recambio generacional imprescindible para toda actividad, detrás de socios e inversores que se iban o fallecían, no aparecía el hombre de reemplazo.Y detrás del vacío dejado por una acción que se iba, no surgía otra para ocupar el sillón.Vacía, vaciada, de hombres, de firmas, de capital, de interés, de emociones, ha quedado un grotesco bursátil que hace añorar las épocas, que bien se podían mencionar como: «de hacha y tiza...».
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