16 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Por momentos, es fácil caer en el desaliento. Nada parece cerrar bien actualmente, en nuestro país. Cada norma nueva, iniciativa que se tome, es como arrojarle una piedrita al medio del lago: se van sucediendo las ondas y cada vez más amplias, y originando nuevas ondas, unas con las otras. Para la metáfora, obviamente que tales ondas que se generan no resultan de un circuito virtuoso, sino que hacen caer a los funcionarios en nuevas minas, que les explotan dentro del campo sembrado. Lo que parecen, es que en el centro mismo de situaciones como el llamado «corralito»: están quedando ellos. Parece, solamente parece, que han forjado ese campo de concentración financiera para los ciudadanos comunes. Pero, en la faceta más justa que posee una acción de tal tipo, los mismos que las implantan son víctimas finales, y fatales, de esos modelos absolutamente confiscatorios. Ya han costado gobiernos enteros, está muy abierta todavía la herida, para seguir jugando con fuego... .

Dentro de lo que es el «corralito» bursátil, la sorpresa para muchos en la «City» porteña fue advertir que el mercado no volvía, aunque habían vuelto los bancos. A esas alturas, era un hervidero el edificio del Mercado de Valores, obviamente buscando la vuelta para reintegrar a la Bolsa a sus funciones naturales. No pudo ser.
  
Y no es que existiera un impedimento puntual, de forma, y como sucediera otras veces. Un ejemplo que nos acordamos es de cuando se corregía la moneda quitando ceros, esto generaba problemas de cotizaciones, ya que los paneles -en aquel momento, las pizarras a tiza- iban a registrar cotizaciones a centavos, con «cero coma» por delante y varios ceros detrás, en varios casos. De última, se resolvió esa vez quitar cantidades de papeles en las posiciones de cada uno, pero dejando los precios anteriores a la devaluación. Y se seguía. Ahora se ha tropezado con varias ondas expansivas, a partir de las medidas adoptadas, y tanto en el circuito de las «cauciones» en dólares, como en las cuentas corrientes de personas físicas que deberían quedar neutralizadas a partir de los $ 10.000, se armaba un embrollo fenomenal. Hasta el viernes, la solución estaba solamente pendiente de correcciones oficiales, de hacer lugar a excepciones o a modificar redacciones. De lo contrario, nos decían de modo tajante: «De persistir las mismas condiciones, no se puede abrir el mercado...».

Es un circuito muy delicado el bursátil, inclusive complicado, por el imperio de los negocios cerrados de palabra y donde puede haber un mar de incumplimientos difíciles de ejecutar. En especial si, como se podía presumir, la reapertura tendría que reacomodar fuerte hacia abajo a las especies, por lo que sucedía en ADR...

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