17 de enero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Es cierto que en el país no se había enfrentado una crisis de este tipo y tan profunda. Pero, puede hoy decirse, también, que pocas veces se ha sido tan ineficaz para encontrarle un dique de contención. No ya de zona de repuntes, sino -simplemente- de contención. Eso que los bolsistas saben muy bien, que es el necesario amesetamiento de los indicadores en un piso que resulte firme y confiable, para ensayar desde allí lo que se quiera. Todo lo que venga una vez encontrado ese piso, ese fondo del pozo, debe ser -a la manera de Holmes- rigurosamente mejor que lo anterior. Y aquí nos hallamos con que cada nueva estación presidencial, nos ubica peor que la estación previa. Cuando se genera algún instante de luz, es el típico y muy bien definido «rebote del gato muerto». Y que, como lo definen en Wall Street, es el mercado que da un pequeño tumbo después de una caída desde lo alto, pero allí mismo termina: porque el gato, está muerto... La decadencia es permanente, el desgaste de política, de teorías, de ensayos, de confianza de la gente se acelera. Y la expresión utilizada por el presidente Duhalde no fue muy marketinera -al punto que no son imágenes a instalar en la población, en tiempos como estos- aunque ajustada a realidad: «el corralito es una bomba de tiempo...». Pero, nos viene a la memoria el gran maestro del suspenso -Alfred Hitchcock-cuando definía, precisamente, qué es el suspenso. Y utilizaba, como Duhalde, la imagen de una bomba con la mecha prendida. Para juntar a los protagonistas, definiendo el suspenso, lo que decía Alfred era que uno estaba viendo en la pantalla a Duhalde y una compañía, podría ser Chiche, conversando en una mesa de confitería: debajo de ella hay una bomba, con la mecha, a punto de estallar. Nosotros, desde la platea, lo sabemos. Pero, ellos no lo saben... Imaginar el suspenso del observador, ante tal situación, puede llegar al infinito.
  
Pues bien, la bomba está allí, y hay que apagarle una mecha que es cada vez más corta ¿Sabe Duhalde que la tiene debajo de su mesa? ¿O presupone que está en la mesa de otros? Y hasta dónde, los que miramos estamos pensando que, debajo de nuestras butacas, hay una bomba del mismo estilo... Horas dramáticas, en una semana que se inició con esas riñas del Mercado Central, que parecían una lucha de tribus por el territorio. Y que siguió con una «estampita», que tenía a Duhalde en el centro y rodeado de curas, en lo que se llamó «cadena nacional»: pero que los canales no respetaron y la mayoría siguió con su programación, mientras en otros, hablaba el Presidente y pedía una gran concertación, casi con desesperación. Una figura histórica: después se sabrá si esos curas estaban dando la bendición al gobierno, o su extremaunción...

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