5 de junio 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Lo malo de la baja es acostumbrarse... Y lo malo de lo que trae una crisis, es asumirlo como normal y habitual, por más que esté fuera de cuadro. El caso del «patrimonio neto negativo» adquirió bastante relevancia en días finales de mayo, pero porque estaba Acíndar incursa en ello y la Bolsa de Comercio -apegándose a normas- decidiera la suspensión de sus papeles, de la oferta pública. Hay otras en iguales condiciones, Estrada es una y que estaba en plano similar, así como otras que no revisten como cotizantes de acciones ordinarias, pero envían sus balances de la Bolsa por los títulos de deuda que emitieran. Una cadena de nombres pesados de nuestra economía había rodado a la banquina de carecer de respaldo contable para sus títulos, quedando deudores holgados en cada acción emitida. Y debieran resultar muchos más, pero quizás aparezca ese acostumbramiento a ver sociedades con presentaciones de ese nivel. Lo que antes significaba el infierno, liso y llano, hoy pasa como un tropezón más, entre tantas rodadas por los caminos de la crisis. Pagando equivocaciones gubernamentales (y también de las propias), no podemos imaginar cómo serán las reuniones en empresas donde una deuda, que era muy difícil de pagar en nivel «100», se ha elevado a cerca de «400». ¿Cómo atender algún proyecto, de qué modo detener a los acreedores, ávidos de soluciones? ¿Qué se mandará decir, que pasen la semana siguiente, el mes venidero, que todo se acomodará?. ¿Cómo habrían de lograrlo?. Esta es la cruel realidad que habrá que enfrentar a lo largo del año, por más que venga el «ajuste por inflación» a darles una mano. Recordamos las viejas fórmulas para tratar de valuar empresas, que nunca tiene una ecuación precisa porque es más arte que ciencia, y rescatamos aquella de buscarle precio de venta a una sociedad cotizante: «un promedio entre el valor libros y el de mercado...» (rezaban los veteranos, que siempre se movían con pies de plomo y no se fundían nunca...).

¿Imaginemos un precio intermedio, entre la cotización de monedas de dólar en el recinto y un valor de libros negativo, porque el patrimonio neto lo es? La mitad de nada, es nada. Pues, el promedio de casi nada, tiene que dar casi nada. La habilidad nacional de decorar, disimular, desviar, las realidades de sumas y restas de toda índole, quizás acabe por encontrarle la punta al asunto para que todas puedan seguir tirando, aunque sea de modo virtual. Después de todo, el «ajuste por inflación» fue eficaz en aquellos momentos y quedó registrado como el dulce de leche y el colectivo. Se podrá hacer lo que se quiera en un papel, pero el inversor cauto sabe que aquello que es una deuda con el exterior, en dólares, deberá ser pagada de ese modo y en contante y sonante. O veremos otra etapa: el acelerado cambio de manos en nuestro parque empresario, de sociedades que -ante la nueva Ley- vayan a manos del acreedor foráneo. Un banco. Varios. O Fondos de Inversión... Amén.

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