7 de junio 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«El Proyecto Niemeyer»... suena tan a misterioro, come si uno hablara del «Archivo de Odessa», o intentara sacar a luz «Los Expedientes X» y así... Pues, no, no es que resulte misterioro, aunque no es menos cierto que casi todo aquello que tiene que ver con nuestra historia -en este caso, no política, sino económica- está revestida de un halo de sospecha. Porque aparecen versiones varias de muchos hechos, opiniones a favor y en contra del mismo personaje, o de una entidad, o de un conjunto de medidas. Según la ideología del autor, el sesgo es inequívoco hacia un lado, y habría que averiguar primero el «archivo» de un autor: para después saber a qué atenerse con su obra, cuánto cargarle hacia un lado, o descargarle del otro.

Días atrás, justo cuando se cumplía otro aniversario de su puesta en marcha, hablamos de este señor Otto Niemeyer y que -lejos de estar en el banco de Alemania- da una primera sorpresa al verificarse, primero, como todo un «sir» de la corona inglesa. Y, después, como director del Banco de Inglaterra y llegado a nuestra región para asesorar con la fundación del Banco Central de Brasil. Sabemos que lo había contactado Uriburu, ministro de Hacienda, en 1931, para dar ideas sobre crear una entidad madre de bancos. Y que luego, en 1935, se coronaría con el Banco Central hecho realidad...

Por estos días hemos oído repicar el asunto de la «Caja de Conversión» y que tal vez algunos desprevenidos crean que se trata de otro «invento moderno». No, esto tiene sus raíces en nuestra historia y desde mucho tiempo atrás. Pero, el asunto es que no son todas rosas: ese régimen siempre fue muy criticado en la Argentina: aunque, fieles a nuestro estilo que perduraría, por miedo a la inflación y su vuelta, era como que se la aguantaba. Y tras tomarse la decisión, gestada durante la terrible crisis del '30, de fundar un Banco Central: el sistema adoptado fue
el mixto. Cruce de intereses, largas discusiones, la teoría de que un banco nacional aparecería como solamente interesado en los intereses locales. Uno privado, daría que pensar sobre: a quiénes responderían sus directores. En fin... la desconfianza permanente, la búsqueda de hacer privar un interés sobre el otro. La venida de un equipo de técnicos ingleses, los nombrados, parecía despejar el partido...

Participaron los bancos nacionales, públicos y privados, más los bancos extranjeros actuantes en el país: y tenían que ver en el capital, administración, dirección y conducción. Desde su organización, resultó una copia de organismos europeos, pero con la diferencia de que era un «padre» de bancos y no un simple «primero entre pares», como se lo utilizaba en esos países. Con independencia del poder político, entre 1935 y 1946, la tasa de inflación -promedio anual- fue de
5,3% y un aumento del PBI, de 4,5 por ciento.

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