2 de octubre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Después de ladrarse en todos los tonos, nos enteramos de que el Fondo Monetario estaría para «cerrar acuerdos», buscando ese reaseguro de comprometer a los que vienen, mientras nuestro ministro de transición dice que lo que quiere es procurarle oxígeno al próximo gobernante, y no que tenga que correr apuros desde el primer día. Un romance se ha instalado. Después de tirarse con los platos. O una nueva parodia se verá en siguientes capítulos de una obra dramática que podría titularse: «Cómo llegar a la otra orilla, arriba de la aleta de un tiburón...». Muy largo para título. Podría sintetizarse en: «Arriba de la aleta de un tiburón». O bien, simplemente, «Tiburón V». Pero así son las cosas en este mundo del tercer milenio, que hace todo lo posible para no llegar al cuarto, siquiera al siglo siguiente.

En tanto, ¡oh sorpresa!, mientras ya estaba realizado el comentario sobre Garovaglio y habiendo puntualizado la problemática que se mantenía con la Bolsa, que no era cuestión menor -ni mucho menos-, apareció el viernes con «autorizada a cotizar» (?). Lo que desacredita toda especulación sobre un forcejeo entre empresa y entidad mientras, como siempre, la CNV se dedicaba a la pacífica observación. Para ella, prácticamente siempre está todo bien en el sistema; nunca sucede nada que merezca su poder de policía. Toda la gente es buena; los directivos empresarios son víctimas de penosas circunstancias, no hay desvíos, no hay jugadas dudosas. Tampoco nos llegó ninguna aclaración, ni sabemos que se esté analizando esa dualidad de criterios que desde aquí pusimos de relieve en IRSA: teniendo vedado invertir en papeles de deuda de
inmobiliarias y cubriendo más de la mitad de la suscripción, de una que se dedica a tales menesteres y -de paso- es vinculada... Seguramente, debe andar todo sobre rieles en el país, de pronto las situaciones se solucionan con asombrosa naturalidad y aun entre aquellos donde sobraban ladridos y mordidas se encuentra que, de la mañana a la noche, salen de la mano...

Mientras, también con la cotización de esos títulos públicos dados a inversores esquilmados, se razona que estuvieron cotizando de modo francamente positivo. Hay un extraño paralelismo en la historia del BODEN y de la época -1933- donde en Estados Unidos se quedó con el oro de las personas, alegando «la crisis». Haciendo la cuenta, de haberles pagado la onza de modo vil, con moneda después devaluada súbitamente -el dólar-, los sufridos ciudadanos habían perdido... 60% del valor original. O bien se habían encontrado con solamente 40% de lo que antes era suyo. Difícil será encontrar alguna crónica de esa época donde se diga que evolucionaron positivamente. Claro, si se partía de estimaciones que fijaban apenas 25% y, después, es 45% parece todo bueno. Y así prosigue la historia. Bajad el telón, por ahora...

Dejá tu comentario

Te puede interesar