21 de octubre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«Reunión de zorros, matanza de gallinas...» (y una vez más, razón tuvo el refrán). Desglosando, desde Ambito Financiero, las tan ajetreadas carillas entre nuestros funcionarios y los del FMI, aparecen ya algunas de las medidas que deberán implementarse y que irán a constreñir mucho más el arribo de capitales. Porque en la inversión de alternativa, seguramente que encontrarán muchos recintos más interesantes que uno donde aparezcan gravados los intereses y... los dividendos. De lo que no se habla es de las acciones, pero ya están allí, a las puertas, están del otro lado del umbral cuando ya casi nada queda para imponerle algún impuesto. Se borran los incentivos industriales, cuestión que involucra a varias de las sociedades que trabajan por el interior y se toman el incómodo asiento lejos de sus matrices, exclusivamente porque se puede hacer una diferencia impositiva. Ni hablar de radicaciones que no sean bien juntito al epicentro de los negocios, por lo que cabe aguardar provincias más desvalidas (y Brasil más poblado).

De paso, ese incremento de tarifas que -se dice- iría de 20% a 30%, también deberá generar una carga que ahora no se tiene en los cuadros de costos. La salida de una reunión semejante suele pasar por «matar gallinas», sacar el agua que quede hasta en las piedras y firmar acuerdos que -todos saben- harán agua a poco de andar...

Pero se ha retomado el sainete con todos los protagonistas, se dejan a salvo puros compromisos por las formas, pero al pasarlo a la práctica -a la sociedad esquilmada- averiguarán pronto que «es nula la obligación de cosas imposibles» (¡vivan los romanos!) y que un país que se ha contraído y explotado de tal modo, ya no tiene más jugo para extraer de sus propias carnes. De todos modos, el problema quedará al que llegue y este gobierno de paso será uno más de los que digan que «hemos dejado un país saneado y en marcha». En tanto, el que arribe repetirá el viejo emblema de: «Encontramos una herencia mucho peor de la que creíamos o nos habían contado». Y todo vuelve a comenzar, en un calvario perpetuo y del que no nos van a sacar con los esquemas preconcebidos, programas «de confección», llevados a cualquier región, sin analizar las características especiales de cada economía.


Al Fondo, y por lo que se ve tampoco a los de aquí, le interesa solamente que del parque industrial «se asegure la sostenibilidad de las compañías privatizadas» (de donde viene la obligación del aumento tarifario). Con semejantes articulados no se puede encontrar por dónde se aumentarán las chances de salir del pozo y buscar la superficie: más bien, todos parecen contentarse con merodear por el mismo, tratando solamente de no ahogarse. Habrá que estar precavidos, por si aparece alguna sorpresa que involucre a cotizantes, y de inmediato incorporar a los análisis -por sector y por empresa- la incidencia de esta nueva «reunión de zorros»...

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